La Saga de Phoenix

Actos, consecuencias… e interrogatorios

Donde los magos interrogan a MIkäl y descubren algunas cosas...

La pequeña comitiva que acude en la segunda semana de junio de 1228 a Stettin tras ser convocada por Miroslawa no podría ser más variopinta: la forman Ahmal, Kersnik, Frederick, que hará uso de toda su labia, y Albrecht, el grog que ha estado presente las dos veces que se ha salvado la vida al joven duque Barnim. Sin duda la presencia del enorme Bjornaer llamará la atención enormemente, pero esperan que su capacidad para leer la mente de Mikäl compense ese riesgo. Por si acaso, Kersnik accede por una vez a disimular su fuerte olor corporal y reducir mágicamente su tamaño.

Ante Miroslawa

La visita resulta tan esclarecedora como ominosa. De camino a palacio, y pese a los días transcurridos desde el levantamiento, los estragos aún son evidentes en la ciudad, y en concreto en el barrio calcinado cercano a palacio. Y antes siquiera de poder hablar con el danés herido, Stefan y Miroslawa, aún convaleciente, les exponen la situación a los magos: los extraños acontecimientos de la terrible noche del 31 de mayo han sembrado la ciudad de todo tipo de rumores. El pueblo está contento de la desaparición de los daneses, pero al mismo tiempo culpan a a los duques de sus miserias, tachando incluso a Miroslawa de bruja o de aliada de adoradores del diablo. La propia Miroslawa está en una situación comprometida, de manera que quiere saber más sobre sus captores.

A través del locuaz pero nervioso Frederick, los magos explican con eufemismos la situación, presentándose como unos sabios involucrados en todo este asunto por casualidad. Hablan de preparativos alquímicos que provocaron un fuego que desgraciadamente no se pudo evitar, del refugio que se le dio a Stefan en el covenant, y de cómo todo se hizo siguiendo en parte las directrices del senescal. Sea como sea, Miroslawa no puede permitir que su imagen se vea afectada por una relación con los sabios; aunque han salvado su vida y la de Barnim, según sus propias palabras, “para mí lo más fácil sería prenderos ahora mismo a todos, y ajusticiaros en la plaza del mercado a la vista de todo el mundo”. Miroslawa habla sobre todo de un caballero que siembra el fuego por donde pasa, y de cómo ejecutarle haría que el pueblo de esta ciudad estaría mucho más tranquilo, y volvería a confiar en su señora y en su joven duque.

Pero no lo hará. De hecho está dispuesta a recompensarles de alguna manera por su participación en todo esto. Por eso accede a negociar con los Mecklenburg para reducir el diezmo que ejercen sobre Phoenix. A cambio, Phoenix ofrece su compromiso para que en el futuro, si ella o Barnim necesitan su ayuda, ellos, como haría un buen vasallo, se la darán. Un trato como mínimo arriesgado desde un punto de vista hermético, pero no tienen mucha más alternativa.

Además, tras oír los relatos de brujas nórdicas que les explican sus invitados, y convencida según parece de que podrían tener algún viso de realidad, si los sabios logran acabar con esas brujas Miroslawa también se compromete a intentar adquirir de los Mecklenburg la propiedad de los terrenos donde se encuentra la morada de los “sabios” y así controlar directamente el diezmo… o directamente eliminarlo. Eso sí, tanto Miroslawa como Stefan exigen estar constantemente informados de todo respecto a las supuestas brujas.

La ira de Cadmius

Pero el descontento del pueblo con la nobleza no es el único problema que tiene Phoenix ahora mismo. Miroslawa les habla del padre Cadmius, el diácono de la iglesia de Santiago Apóstol, la más importante de la ciudad. Es un hombre devoto de Dios, ferviente defensor de su parroquia y un tanto intransigente. Un hombre de convicciones firmes que visitó el palacio un par de días atrás, enfurecido tras ver lo ocurrido en la ciudad y, lo que es peor, tras escuchar algunos relatos de sus parroquianos sobre lo ocurrido. Por él supieron del caballero de las llamas y esa otra mujer, de las voces incorpóreas que se oyeron durante la noche y demás fenómenos que a él le parecieron prueba irrefutable de hechicería. Cadmius ha montado en cólera al respecto, y no solo acusa a los duques de adoradores del diablo y de haber vendido el alma a cambio de los bienes terrenales, sino que amenaza con dar caza a los “brujos” responsables de todo.

De hecho, Cadmius amenaza con excomulgar a los brujos de forma inmediata, y de convocar una cruzada contra los hechiceros paganos del norte del Imperio. Y habla de llamar a Konrad de Marburg para que venga a cumplir la voluntad de Dios. Solo Albrecht ha oído ese nombre en alguna ocasión, murmurado con temor en los principados del centro del Imperio Germánico. Apenas sabe nada de él, diría que es algún tipo de noble al servicio de la iglesia, pero no está seguro. Sí que recuerda el epíteto que acompañaba al nombre en algún caso: “Azote de Herejes”.

El interrogatorio de Mikäl Mikal.jpg

Tras todas esas noticias, el séquito de Phoenix por fin puede acceder a interrogar a Mikäl. Durante un día entero y parte del otro, y por todos los medios posibles, mágicos o mundanos, intentan doblegar la voluntad del danés, que ni siquiera se altera ante las amenazas de ejecución o excomunión. Solo la magia mental más persuasiva de Kersnik y el empleo de cierta violencia por parte de* Vlad el Ruso* logra sacar algo de información al danés, que parece increíblemente resistente a las manipulaciones mentales del mago Bjornaer. Los resultados del interrogatorio son que:

  • El hechicero que escapó nadando del puerto en la escaramuza de hace un par de meses se llama Tjorvi. Las dos brujas que robaron el vis de la Cueva de los Osos se llaman *Gunnvara*… y Gudrun, una vieja conocida de Phoenix.
  • Los tres se encuentran en estos momentos en una antigua fortaleza llamada Jomsborg, cuyo paradero no logran averiguar, pero que se encuentra al nordeste de Stettin. Hacia allí fue también el barco que se hizo invisible en el puerto… y también allí se llevaron a Karl unas semanas atrás.
  • El causante del frio mágico que azota la región es el tal Tjorvi. También él lanzó la ilusión que cubría el pozo en el patio del palacio de los duques.
  • Mikäl tiene una buena relación con Gudrun, aunque no acaba de fiarse de ella.
  • Los brujos han proporcionado ayuda a los daneses de MIkäl en algunas batallas puntuales recientes. A cambio, estos les ofrecieron refugio en la ciudad y ayuda cuando lo han necesitado. Al parecer quieren secuestrar al duque, pero no Mikäl no sabe por qué.
  • Mikal no sabe nada de una supuesta Orden de Odín.

Pese a su resistencia, el desgaste de la sesión de interrogatorio acaba siendo demasiado para el danés: la presión de Vlad, Kersnik e incluso Ahmal, la suave pero enloquecedora melodía que suena de fondo cada vez que Kersnik lanza su hechizo de detección mental, las agresiones de Vlad… finalmente el danés se desploma exhausto y tiene que ser retirado. Al día siguiente los interrogatorios continúan, pero ante el delicado estado de salud del danés, y la necesidad de que siga con vida para ser usado como preso político por Miroslawa ante el Rey Valdemar de Dinamarca, no se averigua nada nuevo.

Los frentes abiertos

Al regresar, tras dejar en Stettin a Albrecht como miembro de la guardia personal del duque Barnim, los magos de Phoenix tienen claro que se les acumulan los problemas, que se dividen en cuatro frentes:

  • El misterio de las brujas nórdicas. ¿Dónde se encuentran y qué quieren?
  • La ira de Cadmius. ¿Cómo apaciguarla?
  • Las relaciones con Miroslawa. Ahora mismo son cordiales, pero cualquier paso en falso puede empeorarlas.
  • Las consecuencias herméticas de sus actos. ¿Qué ocurrirá cuando la Orden de Hermes se entere de lo que ocurrió en Stettin…?

A eso hay que añadir las consecuencias internas de la conducta imprudente de Herman y Cünegunde que, precisamente, justo ahora han partido en sendos viajes de propósito y duración desconocidos. Los magos tratan de abordar los diferentes frentes:

  • Enviando a Frederick y Bjorn a investigar en los puertos de Stettin para ver si alguien conoce Jomsborg. De paso, para intentar hablar con el padre Cadmius e intentar calmar sus ánimos con una donación a la iglesia (aunque las arcas de Phoenix no pasan por su mejor momento).
  • Enviando a Ahmal a hablar con el Padre Miguel de Sussex, en la Abadía de Broda. Pese a conocer mejor que muchos eclesiásticos a la Orden, y pese a que Ahmal suaviza bastante los acontecimientos de la noche de autos, el padre se muestra bastante atónito. Aun así, en honor a los favores que han hecho algunos miembros del covenant hacia la abadía previamente, se ofrece a ir a hablar con Cadmius, aunque sin garantizar nada. En cualquier caso, por lo poco que conoce a Cadmius no cree que se vaya a conformar con una donación para la iglesia, es más que probable que, en el caso de que se le convenza de suavizar su postura, imponga como mínimo alguna penitencia a los brujos… o al menos, al caballero de las llamas y la campesina que gritaba en latín por las calles.
  • El propio Ahmal también se encargará de viajar a Fengheld a finales de mes para ver cómo se pueden atenuar las consecuencias herméticas del caso.

Se avecinan tiempos complicados…

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