La Saga de Phoenix

Cerveza y duendes

Donde los magos buscan una fuente de vis y encuentran un nuevo mago...

Primer viaje a Biskupin

En pleno verano de 1226, una expedición formada por Cormac, Herman y Flavius parte acompañada de algunos grogs en dirección a Cuyavia, la región polaca donde según el Bonisagus experto en Aquam de Phoenix existen rumores sobre cursos de agua de una pureza indescriptible que podrían tener propiedades mágicas.

Tras tres semanas de viaje el grupo llega a la región en cuestión, y más concretamente a Biskupin, un pequeño pueblo junto a uno de los ríos en cuestión, cuya principal industria es la excepcional cerveza que se hace con las aguas claras del río al pasar por el pueblo. La espléndida cerveza es motivo de alegría para los grogs (y para Herman), que alegremente se entregan a trasegar una jarra tras otra, para desesperación de Cormac. Entre borrachera y borrachera, y antes de emprender búsquedas más esotéricas, surge la posibilidad de establecer algún tipo de acuerdo comercial con los habitantes del pueblo para exportar la cerveza a Stettin e intentar sacar algún beneficio monetario para Phoenix.

Al día siguiente, una vez se han superado las respectivas resacas, el grupo emprende camino montaña arriba, en busca de las fuentes del río. A algo más de una hora de camino del pueblo encuentran unos rápidos junto a los cuales destaca un saliente rocoso en el que hay grabada una especie de extraña runa que hace referencia al agua como líquido elemental de propiedades esotéricas. Tras realizar varias comprobaciones, determinan que pese a todo, el agua al pasar por los rápidos es sólo excepcionalmente pura, pero no contiene vis.

Los magos vuelven a bajar al pueblo. Allí, a través de Vlad el Ruso, el único que conoce el lenguaje local, descubren que el río siempre tiene las aguas con este nivel de pureza salvo una única noche al año: el 31 de octubre. En el pueblo se paraliza la producción de cerveza durante esos días, dado que entonces las aguas del río bajan turbias y no producen buena cerveza. El culpable de ello, parece, es un tal “Koshchey”, del que no logran descubrir ningún detalle más dado que en el pueblo le temen, sea quien sea. Los magos deciden regresar por ahora a Phoenix, dejando a Vlad de retén por si descubriera algo.

La llegada de Cornvald

Al regreso del grupo a Phoenix, se encuentran con una visita sorpresa: la de Cornvald de Merinita, recién licenciado en Irencilia, y peregrinator del Tribunal. Cornvald solicita pasar un tiempo en Phoenix estudiando, previo pago de una cantidad determinada de vis. Los magos residentes aceptan, no sin antes avisarle de que Phoenix es un covenant que en su breve existencia ha sufrido ya unos cuantos ataques hostiles. Sin embargo, Cornvald parece decidido a quedarse, en especial cuando se le comenta la abundante presencia feérica en la zona.

La visita de Mario

Poco después del verano, Mario de Mercere hace su habitual visita a Phoenix. Trae consigo la confirmación de que Fengheld añadirá una dote de 20 libras de plata anuales al acuerdo por el portal, y también un listado de los hechizos que pueden copiarse de su biblioteca. También trae una carta de un tal Transitium de Génova, un renombrado mago Mercere que se ha enterado de que buscaban alguien capaz de abrir un portal permanente, y que se presta voluntario a cambio de una serie de condiciones. Dado que Phoenix ya ha firmado un acuerdo con Fengheld para renunciar a la creación del portal, parece que la carta de Transitium ha llegado demasiado tarde…

Segundo viaje a Biskupin

A mediados de octubre un pequeño grupo parte de nuevo hacia Biskupin. Son los mismos integrantes que la primera ocasión, salvo Cormac, que decide no tener que pelearse de nuevo con borrachos, y con Frederick, que intentará establecer vínculos comerciales con los productores de cerveza locales. Al llegar allí descubren que Vlad no sólo no ha descubierto nada nuevo, sino que además se ha granjeado una fama bastante negativa en el pueblo.

La noche del 31 de octubre el grupo asciende de nuevo hasta los rápidos del río. Allí pronto se levanta una espesa niebla de la cual, a la medianoche, surge una escalofriante figura: parece un hombre envuelto en un grueso manto, encapuchado, que tira de las bridas de un siniestro y macilento caballo con algas por crines, probablemente un Kelpie de las leyendas faéricas. Tras unos momentos de tensa calma, el grupo decide alejarse y dejarle hacer.

El personaje, sin duda el tal “Koshchey” del que hablan en el pueblo, se sienta en el saliente y murmurando una especie de letanía incomprensible, empieza a recoger agua, presumiblemente el vis, antes de partir de nuevo colina arriba entre la niebla. El grupo le sigue sin saber muy bien qué hacer hasta que, llegados a la cima del risco, Herman decide intentar hacerle caer del caballo mediante un hechizo. El conjuro parece tener éxito en un primer momento, pero entonces Koshchey se gira para mirar al Flambeau, causándole un extraño mareo que cancela el conjuro. Acto seguido el siniestro personaje murmura algo más y sus brazos se convierten en dos enormes y horrendas alas de murciélago con las cuales sale volando hacia el cielo, perdiéndose en la lejanía…

El grupo se queda allí en plena noche preguntándose quién es Koshchey y, sobre todo, cómo conseguir ese vis…

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