La Saga de Phoenix

Conspirando en las sombras

Donde se opta por la sutileza como nuevo plan de acción

Tras el último y frustrado intento de incursión al palacio de Stettin, los magos de Phoenix deciden cambiar de táctica y optar por la sutileza para intentar resolver la delicada situación en la región: tratarán de provocar alguna revuelta aprovechando el descontento generalizado de la población de la ciudad y, de paso, tratarán de descubrir algo más sobre los secretos del palacio y rescatar a la familia ducal.

Para tal propósito, mandan a Stettin a un grupo de los grogs que en su momento rescataron al Duque Barnim (Dana, Vlad el Ruso y Albrecht), a los que acompañan Frederick y Herman de Flambeau. Allí descubren que la incursión frustrada a palacio de un par de noches atrás ha tenido desagradables consecuencias, y las tropas danesas vigilan las calles con mayor agresividad que nunca, buscando a los responsables y tratando de encontrar también a Stefan, el desaparecido senescal del palacio, al que también buscan precisamente los enviados de Phoenix. Los interrogatorios violentos y las flagelaciones públicas por cualquier crimen menor son tan abundantes como perturbadores en la ciudad, donde empieza a reinar el descontento generalizado.

Tras muchas inquisiciones, Vlad acaba descubriendo que sólo el hombre que parece saberlo casi todo en Stettin, Wilhelm el Hediondo, podría conocer el paradero de Stefan. La búsqueda parece infructuosa, pero finalmente dos de los guardaespaldas del Hediondo conducen a ciegas al gigantón ruso a un punto cercano al puerto de la ciudad: allí se encuentra con un Wilhelm que, al igual que sus matones, luce varias heridas y moratones. El Hediondo también parece desesperado, y ofrece a Vlad dos noticias cruciales: una, que el paradero de Stefan cambia cada noche y sólo lo conoce Gunther, el viejo maestro herrero del barrio de los artesanos; y la otra… que Karl ha sido capturado por las tropas danesas y llevado a palacio para interrogarlo. Acto seguido, Wilhelm anuncia que cambiará de aires de inmediato. La vida en la ciudad se ha vuelto muy arriesgada…

El tiempo apremia, pues. El grupo de grogs se desenvuelve de forma más que digna en una situación en la que la elocuencia y el don de gentes es mucho más importante que la magia y la lucha, y al final, tras muchos esfuerzos, logran convencer a Gunther de que les lleve hasta Stefan. Pero el senescal está paranoico, y solo acepta ver a uno de los enviados, a la joven pero atrevida Dana, en una húmeda bodega en un establecimiento apartado de la ciudad. Allí, el senescal, acompañado de unos pocos de los soldados fieles al duque que en tiempos pertenecieron a la guardia de la ciudad, escucha la propuesta de Dana. Sin estar convencido del todo, pero reconfortado por el hecho de ver de nuevo una de las caras conocidas que en su momento salvaron a Barnim de su secuestro, Stefan decide mandar a uno de sus hombres de confianza, un capitán de poblado bigote y maneras de veterano, para conocer los detalles del plan de los “patrones” de Dana.

Pronto, apenas pasado el 16 de abril de 1228, toda la comitiva vuelve a Phoenix acompañando al capitán, que no deja de mostrarse suspicaz, en especial al adentrarse en el bosque, temido en toda la región. Tras llegar a Phoenix su cautela se transforma en temor al ver las dos torres y la prodigiosa pirámide que se oculta en el claro, pero como experimentado hombre que es, mantiene las formas. Tras una rápida discusión, y escarmentados por su larga serie de fracasos diplomáticos, los magos eligen como portavoz a Richard, el capitán de la turba de grogs de Phoenix, que hace gala de su elocuencia y liderazgo al explicarle el plan a su homólogo con un marcado pero elegante acento francés.

El plan presentado al capitán se divide en varias partes: por un lado se intentará neutralizar los dos cuarteles generales que hay en la ciudad para acabar con tantos soldados como sea posible. Al mismo tiempo, el capitán, Stefan y los grogs de Phoenix que mejor conocen la ciudad tratarán de tensar los ánimos de la población para provocar toda la algarabía y disturbios necesarios llegado el momento. Por último, Stefan y el capitán tratarán de reformar en la medida de lo posible la guardia de palacio, desbandada tras el regreso de los daneses y el encarcelamiento de la familia ducal. Con esos hombres de armas esperan poder atacar el palacio cuando llegue el momento.

Sin embargo, tanto el capitán como Stefan son muy claros en algo: el objetivo principal debe ser liberar a los duques y, en segundo lugar, intentar secuestrar a Mikal, el líder danés. Eso sería un golpe mortal para las tropas, casi peor que acabar con ellas. Sin líder, los daneses probablemente no aguantarían mucho en la ciudad. Sin tropas, Mikal siempre podría reunir más hombres llegados de fuera.

El plan trazado llevará un mes en ser completado, y requerirá invertir cierta cantidad de dinero para rearmar a la guardia, “ganarse” el favor de algunos ciudadanos clave y preparar la situación. Probablemente a mediados de mayo la situación estará lista, y todo se desarrollará a través de un contacto común entre Phoenix y la “resistencia” que se quedará en Stettin: Dana y Albrecht, junto con Vlad, que con la desaparición de Wilhelm y Karl se ha convertido sin quererlo en uno de los pequeños reyezuelos de los bajos fondos en Stettin…

El capitán escucha atentamente el plan y regresa a la ciudad junto con los tres grogs. Pronto llega la confirmación del propio Stefan de que el antiguo senescal acepta el plan. Todo parece marchar viento en popa, y sólo dos sombras parecen amenazar el desarrollo del plan: el capitán está preocupado por la seguridad de Stefan, a quien los daneses buscan cada vez con más insistencia por la ciudad. ¿Tal vez en Phoenix le podrían dar refugio? Ah, pero el senescal es tan tozudo, y no quiere abandonar Stettin…

¿Y Karl? ¿Qué ocurrirá con Karl? Esa es una pregunta para la que nadie tiene respuesta…

Durante esta alocada sucesión de acontecimientos ocurren dos cosas más no relacionadas con la “trama” de Stettin:

· Clarisa, la sanadora, pide permiso para estudiar uno de los tractati presentes en la biblioteca de Phoenix. A cambio ofrece una temporada de enseñanza a quien esté interesado en sus enseñanzas. Los magos aceptan la propuesta.

· Hieronimus, el sanador y herbalista que llegó con Clarisa, por fin demuestra sus habilidades. Tras preparar varias cataplasmas curativas, las aplica a los heridos pese a la desconfianza de muchos de los presentes, en especial Herman. Por suerte, en esta ocasión las cataplasmas han sido preparadas correctamente, y pronto los heridos sienten algo de alivio en sus dolores. Marcin, el más perjudicado por las heridas y la enfermedad, se cura de hecho milagrosamente de su neumonía de un día para otro. Parece cierto que el tal Hieronimus sabe lo que se hace…

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