La Saga de Phoenix

Emboscadas, preparativos y disputas

Donde los magos siguen ultimando su ataque sobre Jomsborg

Preparativos y sorpresas

Mientras van pasando los días, los magos de Phoenix van preparando su expedición a Jomsborg planeada para septiembre: se realizan varios viajes a Stettin para inutilizar la embarcación del sospechoso Snorri, y el recién llegado Hieronimus por fin demuestra su valía, creando una serie de preparados que refuerzan la curación de los numerosos grogs heridos.

También regresa Ahmal de su viaje a Fengheld, adonde había acudido a preparar un argumento por si la justicia hermética cae sobre Phoenix tras sus recientes desmanes en Stettin. Allí, en Fengheld, le han ofrecido los servicios de un abogado si realmente se da el caso de que sean llevados a juicio: se trata de un viejo conocido, Horst, el respetable Gorra Roja que lideró la expedición a Pomerania realizada años atrás, y que acabó abandonando con cajas destempladas. A cambio de los servicios de Horst, Fengheld pide (a través de Stentorius) un pago de 10 peones del vis dedicado de Rego/Aquam de Phoenix, y el propio Horst también pedirá un pago en forma de servicio a su casa, bien un objeto, bien la ayuda de Phoenix en una investigación relativa a los Mercere.

Un perturbador incidente interrumpe estos preparativos cuando llega noticia desde Stettin de que otro pescador ha desaparecido, al parecer en plena noche y en circunstancias misteriosas. Tras acudir allí a toda prisa, Cormac descubre que el desaparecido, de nombre Milos, podría haber sido raptado por sus misteriosos enemigos: su embarcación está cubierta de una sospechosa y gruesa capa de hielo. Sus temores se confirman cuando, algunos días después, el pescador reaparece de la forma más siniestra posible: sorprende a uno de los chavales que usa Vlad para vigilar el puerto y lanza un mensaje de “su señora”, con toda probabilidad Gunnvara, hacia Phoenix. En dicho mensaje, repetido de memoria por el aterrado muchacho, Gunnvara cita “al oso o al búho” (Kersnik o Cormac) en la siguiente noche de luna llena, el 17 de agosto, en las ruinas de un viejo fuerte de la isla de Wollin.

La cita con Gunnvara

Gunnvara.jpgLos magos debaten largo y tendido qué hacer. Al final, es Ahmal quien decide acudir a la cita, con la esperanza de que las intenciones de las brujas sean pacíficas. Le llevará hasta allí Snorri, que conoce el camino, y les acompaña Ragnar, el gigantón noruego, que parece odiar a muerte a esas brujas, tal vez por su origen. Por desgracia, las esperanzas de Ahmal son vanas: al llegar a su destino, envuelto en una niebla impenetrable, les rodea una manada de lobos que les guía hasta unas ruinas cercanas. Allí, Ahmal tiene oportunidad de conocer por fin en persona a Gunnvara. Es una grácil joven dotada de una hermosura deslumbrante, con una melena de cabello rubio lacio, una tez de marfil y unos ojos azules como el cielo. Sin embargo, Ahmal sufre una extraña visión al contemplar a Gunnvara, y bajo ese semblante tan bello, atisba la que podría ser su auténtica forma: la de una vieja decrépita y arrugada, de pelo gris enmarañado y mirada igual de azul… pero mucho más venenosa.

Ahmal descubre entonces el auténtico motivo de la irrupción de las brujas en la vida de Phoenix: parece que han descubierto que los magos herméticos pueden prolongar artificialmente la vida de una persona mediante rituales de longevidad… y Gunnvara quiere beneficiarse de uno de ellos. Ahmal intenta darle largas para ganar tiempo, pero la paciencia no parece una de las virtudes de la bruja, que parece ejercer sus poderes de control mental sobre Ragnar para que este capture a Ahmal.

Se sucede un feroz combate en el que los dos visitantes contemplan aterrados cómo la bruja se convierte en una gigantesca monstruosidad, una figura de casi cuatro metros de estatura cuya belleza es tan terrible que casi da pavor mirarla. Sus manos se han convertido en afiladas garras de las que gotea un veneno de aspecto tóxico, y además la bruja parece pronunciar encantamientos en un idioma desconocido. Mientras tanto, los lobos, que parecen responder a los graznidos de unos cuervos perdidos en lo alto de las ruinas, se han lanzado sobre Ragnar, que corre el riesgo de morir despedazado.

Tras muchos esfuerzos, Ahmal y Ragnar consiguen escapar de la emboscada y vagan en la niebla durante un tiempo, hasta encontrar la playa no muy lejos del lugar donde deberá recogerles Snorri en unas horas. Pero las sorpresas aún no han terminado: al día siguiente, cuando Ahmal se adelanta al lugar del encuentro con Snorri, se encuentra con un encuentro desagradable: el barquero ha acudido acompañado por dos criaturas nauseabundas, dos cadáveres andantes armados que se lanzan sobre Ahmal. El Tremere logra desintegrar a uno de ellos con un hechizo, pero el otro resulta demasiado para él y pronto recibe dos tremendos golpes que acaban incapacitándole.

Solo la providencial intervención de Ragnar, que ha acudido a nado a toda velocidad a la escena y derriba a la abominación, salva la vida de Ahmal. Sin embargo, los dos han quedado enormemente maltrechos y emprenden de inmediato el regreso a Phoenix, acompañados por un Snorri atormentado por los actos que comete contra su voluntad.

Lamiendo las heridas

La herida de Ahmal es el último de una larga lista de inconvenientes que impiden lanzar la incursión a Jomsborg cuando estaba prevista, a mediados del mes de septiembre. Los magos deciden aplazarla hasta octubre mientras deciden exactamente el plan de acción, conscientes de que demorar aún más el viaje podría resultar fatal.

Las posteriores sermanas se van desgranando con lentitud exasperante. Solo algunos fogonazos interrumpen el serio ambiente en Phoenix: la visita de Mario, el Gorra Roja, trayendo los pergaminos que habían acordado que se enviarían desde Fengheld, es una de ellas. La otra, una visita de Albrecht, el grog que dejaron al servicio del Duque Barnim en Stettin, que trae una noticia algo más perturbadora: pocas noches atrás, el palacio sufrió la infiltración de un intruso sigiloso y armado, que se enfrentó con la guardia que defendía los aposentos del joven duque. Fueron necesarios varios guardias para derribarle. Al caer, el intruso se convirtió en una fétida e inmunda criatura, similar sin duda a las que se enfrentaron a Ahmal y Ragnar en la isla, y que fue hecha quemar de inmediato por la duquesa Miroslawa. La propia Miroslawa ha enviado a Albrecht a Phoenix para “sugerir” a los magos que se den prisa a la hora de resolver el asunto de las brujas.

La tensión se puede palpar con un cuchillo. Entonces, a mediados de septiembre, hay una visita inesperada que lo cambia todo: Herman ha vuelto a Phoenix.

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