La Saga de Phoenix

Jomsborg y los muspelli

Donde los magos por fin descubren cosas sobre sus gélidos enemigos

Ni el sobrenatural frío que azota la región en pleno verano de 1228 ni la escasez de efectivos frena a los pocos magos que están en Phoenix por esas fechas. Conscientes de que tienen un enemigo en paradero cercano pero desconocido, Cormac, Kersnik y Flavius deciden tomar cartas definitivamente en el asunto para descubrir de una vez por todas dónde está Jomsborg.

Con ese propósito, someten a un brutal interrogatorio a un Karl que, maniatado e indefenso, se ve escrutado durante largos periodos de tiempo por Kersnik. El pestilente mago Bjornaer parece contemplar la mismísima alma del bribón, buscando respuestas a sus preguntas. Como ocurriera en el interrogatorio con Mikäl, la escena se ve salpicada constantemente por extraños sonidos musicales que sacan de quicio a Karl, al que pronto devuelven a su cama en los barracones, exhausto.

En busca de Jomsborg

Sin embargo, el esfuerzo ha merecido la pena: los magos descubren que el plan de Karl, en el caso de conseguir las conexiones arcanas, era reunirse con un pescador en Stettin y regresar con él a Jomsborg. Ese pescador, de nombre Snorri, es el último hilo que les queda por seguir a los desesperados magos herméticos, que trazan un audaz plan: usando sus habilidades mágicas, entre Kersnik y Cormac convierten al primero en un doble de Karl. La ilusión es tan perfecta que ni el propio Karl sería capaz de encontrar diferencias. De esa guisa, Kersnik parte hacia Stettin, seguido de lejos por Cormac en forma de búho. Allí, el Bjornaer recupera las conexiones falsas que dejara Karl en su momento y entabla contacto con Snorri, que resulta ser un anciano y escuálido pescador que vive en el puerto de Stettin y que reconoce a Karl de inmediato.

Los dos, seguidos de Cormac a vuelo de pájaro, emprenden el viaje a Jomsborg. Por fin, los magos podrán descubrir dónde moran sus misteriosos enemigos. La fortaleza está sorprendentemente cerca: apenas a un día y medio de viaje en barco al nordeste de Stettin, en la isla de Wollin. Por desgracia, la resolución del plan no está tan concretada como su planetamiento, y la única forma que tienen de neutralizar a Snorri es durmiéndolo mágicamente antes de acercarse demasiado a Jomsborg.

A partir de ese punto, es Cormac quien cubre el último tramo de viaje y, por fin, descubre Jomsborg. Pronto confirma que se trata de un lugar de pesadilla donde solo los más valientes y los más preparados querrán adentrarse. Tal y como le explicará más tarde a Kersnik:

–He encontrado la fortaleza y puedo decirte que es sin lugar a dudas el lugar más siniestro que he visto jamás… quizás sólo comparable a aquel maldito bosque en Pomerania donde estuvimos hace ya años. La fortaleza está envuelta en una densa bruma que se me antoja debe ser mágica. Está en bastante mal estado de conservación pero sin duda habitada. He visto alguna antorcha encendida por una ventana y una cocina equipada y claramente en uso. Hay dos lánguidas torres con ventanas cerradas a cal y canto, una ruinosa muralla y un patio invadido por la vegetación. Pero lo más perturbador no es eso… lo peor es la clase de criaturas que protegen y vigilan el lugar. He visto alrededor de una decena de zombis ataviados con armas y armaduras vigilando la muralla en sus maltrechas almenas y en el patio interior, tras una gruesa verja, hay una manada de fieros lobos cuyo monstruoso líder tiene el tamaño de un caballo. Aparte de eso, una de las torres, al nordeste, tiene una robusta puerta de metal y al oeste hay un pequeño embarcadero con una barcaza no muy diferente a la de nuestro amigo Snorri. No he conseguido ver a ningún humano… vivo.

Una vez determinada al fin la situación de la fortaleza, los magos regresan a Phoenix con un pequeño asunto incómodo entre manos: qué hacer con el barquero, Snorri. Convencidos de que en realidad está atemorizado por las terribles brujas del norte, se llevan a Phoenix al anciano marinero, que está al límite de su resistencia mental. Le tratan de convencer de que se quede para protegerle, pero el anciano reacciona con tensión al Don y a lo complejo de la situación. Sin embargo, no parece tener mucho remedio y acepta la “protección” del covenant. Un rápido viaje a Stettin para inutilizar la embarcación del barquero elimina cualquier posible fuga… por ahora.

¿Los… muspelli?

Pancrestis.jpgFinalmente, el 10 de julio, cuando los magos todavía están decidiendo qué hacer con los detalles recién descubiertos de Jomsborg, reciben una visita inesperada: Pancrestis, el Bonisagus de Heorot, ha acudido a toda prisa al covenant al recibir la carta en la que los magos hablaban de la posible presencia de la Orden de Odín en las cercanías de Stettin. Aunque Pancrestis no es un gran mago, sus conocimientos sobre las tradiciones mágicas del norte puede resultar útil para esclarecer un poco todo este asunto.

Tras escuchar el relato de todo lo ocurrido en los últimos meses en las cercanías de Phoenix, Pancrestis medita profundamente y da una respuesta que confirma las peores expectativas de los magos:

–A diferencia de otros miembros de nuestra Orden, que creen firmemente que existe una Orden de Odín organizada y decidida a plantarnos cara, las pruebas que he encontrado en los últimos años me hacen pensar más bien que, al igual que ocurre en las tierras que conocemos, en el frío norte existe más de una tradición mágica. Que estén organizadas o no, cuáles sean sus intenciones y auténticos poderes y su opinión sobre nosotros, si nos conocen… queda fuera de mis conocimientos. Pero hablar de la “Orden de Odín” para englobarlos a todos me parece un error. Durante mis estudios he encontrado evidencias de algunas de esas tradiciones. La más abundante es la que utiliza la magia rúnica para obtener su poder. Sin duda son los herederos de los brujos rúnicos que se enfrentaron a nuestros ancestros durante las invasiones vikingas de hace dos siglos, pero no estoy seguro de que sus ánimos sean necesariamente hostiles. Incluso conozco su nombre: son los vitkir. Por lo que sé son magos que en algunos casos están aceptados por la sociedad nórdica, de manera que no siempre tendrán el Don, pero son capaces de realizar una magia casi tan versátil como la hermética, siempre basada en las runas.

–Creo que podemos descartar a los vitkir como los causantes de vuestros problemas. El hecho de que no hayáis visto ninguna runa nórdica en ningún momento les descarta. Pero también he oído otras historias. Historias que cuentan por las noches en el frío norte para atemorizar a los niños, relatos aún más misteriosos… y mucho más siniestros. En ellos se habla de brujos y hechiceros renegados y paganos, con poderes terribles y aliados aterradores, entre los que se incluyen gigantes descomunales y salvajes, animales feroces y todo tipo de monstruosidades. Brujos que pueden dominar el clima a su antojo, convocando tormentas y ventiscas capaces de matar a un hombre. Que pueden azotar con las plagas más abominables a poblaciones enteras si no se les complace. Si esos terribles relatos son ciertos, esos brujos ni siquiera adoran a los dioses paganos del norte, a Odín, Thor o Freya. No, son adoradores de los gigantes de las leyendas escandinavas y de sus aliados, de los auténticos enemigos de los dioses: Surtur, Gymir, Fenris el Lobo… y por encima de todos ellos, la personificación de la malicia y la perversión, el mismísimo Loki. Puede que solo sean cuentos para viejas, y así lo consideraba yo hasta ahora. Pero si no lo son, esos brujos, a los que se conoce como los muspelli, tienen un único objetivo: provocar el Ragnarok, el fin del mundo tal y como lo conocemos, y de paso, sumirlo todo en un manto de nieves eternas.*

Está a claro que nuestros héroes se enfrentan a un enemigo formidable. Deciden preparar de inmediato una expedición para atacar Jomsborg, pero les faltan efectivos. ¿Qué hacer? Por de pronto, deciden esperar unas semanas para ver si alguno de los magos ausentes regresa, Hermes mediante…

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