La Saga de Phoenix

La Diáspora de Phoenix

Donde ocurren muchas cosas y el covenant está medio vacío

En los días finales de junio se produce una auténtica diáspora en el covenant de Phoenix, que en varias ocasiones se queda casi vacío. Con Herman y Cünegunde en paradero desconocido, el resto de magos trazan un plan para engañar a Karl e intentar que les guíe hasta la fortaleza de Jömsborg. Preparan un par de conexiones arcanas falsas y dejan escapar a su prisionero, que acompañado de su novia, Daphne, regresa a toda prisa a Stettin seguido por Ahmal y Cormac invisibles. Una vez allí, Karl deja a su novia en el palacio de la ciudad y las presuntas conexiones arcanas en casa de un contacto y, para sorpresa de sus perseguidores, no emprende el camino hacia Jömsborg sino que vuelve hacia el covenant con propósitos desconocidos. Decepcionados y furiosos, los dos magos herméticos interceptan a Karl y vuelven a tomarle prisionero.

Mientras tanto, Kersnik acude en ayuda de la Abadía de Broda. Allí, el Padre Miguel está preocupado por el paradero de uno de sus monjes, el Hermano Tadeo, al que envió a la cercana población de Greifswald para investigar la veracidad de los rumores que hablaban de las propiedades milagrosas de la comida servida en el establecimiento conocido como La Parrilla. Kersnik se ofrece para viajar hasta allí para investigar el asunto, encontrándose con una sorpresa enormemente desagradable: tras unos días de investigación, el Bjornaer localiza al joven Tadeo en un hospedaje apartado, encerrado en su habitación y en un estado deplorable: demacrado, sucio y harapiento, y con expresión atormentada, parece realizar extraños rituales de aspecto impío sobre una parrilla que está colocada en el suelo. Kersnik continúa su vigilancia pero pierde de vista a Tadeo por unas horas. Más tarde, una nueva figura, un hombre vestido con un hábito sucio y roto, con aspecto lejanamente parecido a un monje pero con un algo más perturbador, aparece en el hospedaje, limpiando cualquier resto de la presencia de Tadeo.

En esta ocasión Kersnik no duda y sigue al extraño en plena noche, hasta un callejón oscuro, donde los dos tienen un intercambio dialéctico. El hombre dice llamarse Ambrosius y se presenta como alguien preocupado por el bienestar de Tadeo, al que define como un joven dominado por sus bajas pasiones y atormentado por demonios que no existen. Aunque el hombre parece sincero, Kersnik no parece confiar del todo en él, y con razón: cuando los ánimos empiezan a caldearse aparece la auténtica naturaleza de Ambrosius, que en un santiamén se desvanece en medio del callejón en una nube de azufre, mientras sus siniestras carcajadas resuenan en los oídos del aterrado mago Bjornaer.

Horas más tarde, Kersnik localiza el destrozado cuerpo de Tadeo al pie de los acantilados cercanos a Greifswald. Lo recoge y lo lleva a la Abadía de Broda, dando la terrible noticia a un Padre Miguel que queda desconsolado al enterarse de la muerte de uno de sus monjes. Tras limpiar lo posible el maltrecho cuerpo de Tadeo y darle cristiana sepultura, Kersnik vuelve a Phoenix, de donde se ha marchado hace escasos días Ahmal, que viajará a Fengheld para buscar protección legal por si la Orden de Hermes se entera de los hechos ocurridos en Stettin hace algo más de un mes y toma medidas contra Phoenix.

Todo parecen malas noticias para los jóvenes magos durante estas semanas. A la llegada de Kersnik, él, Cormac y Flavius, los únicos magos herméticos presentes entonces, se reúnen en la cocina de Maruzca mientras se preguntan qué hacer con todos los frentes que tienen abiertos…

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