La Saga de Phoenix

Muchos encuentros

Donde Phoenix se llena de caras nuevas...

Corre la segunda semana de julio de 1227. En la explanada de Phoenix se oye menos bullicio del habitual. Sólo dos magos ocupan ahora mismo el claro, e incluso una parte de la turba de los grogs, con su capitana a la cabeza, llevan casi un mes fuera acompañando a los magos que se fueron en busca de la Tumba de Beowulf.

Pero la espera ha terminado. Un despejado día de julio, el ruido de visitantes anima el claro. Sí, por fin ha regresado Berstuk, al que acompañan dos curiosos personajes. El primero, Ursus Albus, es su maestro, cuya presencia ya había alertado el Bjornaer a través de un mensaje entregado por un Gorra Roja apenas unos días antes. El otro es un joven apocado y claramente temeroso, y Berstuk lo presenta como Vaclar, el nieto de un viejo sacerdote de Svantevit al que ha conocido en sus recientes viajes, y al que ha traído al covenant con intención de despertar su “lado místico” dormido…

Pero Berstuk no es el único que regresa en julio. También lo hacen Cormac y Herman, los dos magos que lideraron la expedición hacia el norte. Vuelven cansados y acompañados por los mismos grogs que se fueron. Por suerte no hay que lamentar bajas, pero alguno de ellos se encuentra en un estado bastante delicado.

La historia del túmulo de Beowulf

Tras su regreso, Cormac y Herman explican la historia de la expedición a Hroneness. Explican cómo, tras encontrar la tumba del héroe gauta y robar su torques, tuvieron que enfrentarse a los doce thanes que protegían la tumba. Fue un combate feroz, en el que todos dieron lo mejor de sí, pero que probablemente habría tenido un final muy diferente de no estar allí Theoderich de Augsburg. El mago Jerbiton demostró todo su poder destructivo con espíritus y su actuación fue clave para la supervivencia de la expedición.

Neutralizados los espíritus, los intrusos encontraron una nueva sorpresa al volver al interior del túmulo: allí había aparecido por arte de magia un nuevo cadáver, que ocupaba el trono previamente vacío, y que empuñaba la espada que antes yacía en el suelo. La criatura, acaso el propio Beowulf, o lo que quedaba de él, parecía tener conciencia y tras hablar formular una pregunta incomprensible a los intrusos, sumió todo el túmulo en una oscuridad impenetrable, impidiendo a los visitantes recuperar sus tesoros.

La expedición intentó por todos los modos posibles anular esa oscuridad mágica y acceder a las riquezas del túmulo, llegando a destruirlo en parte, sin suerte. Al final, desesperados, y descubriendo con preocupación que los espíritus que creían destruidos parecían recuperar su forma, decidieron volver al nivel mundano para descansar antes de volver a intentarlo al día siguiente. Pero las sorpresas del viaje no habían terminado, y al hacerlo, en el lugar donde habían dejado al timonel del barco y uno de los soldados de Heorot, sólo quedaba un gran manchurrón de sangre. Un reguero de huellas partía desde allí en dirección al bosque cercano, rastro que siguieron hasta encontrar el cadáver horriblemente destripado del soldado a las afueras del bosque. Pero aún faltaba el timonel, de manera que decidieron adentrarse en el bosque en su búsqueda.

El bosque, como pronto descubrirían, estaba embrujado. Pese a ser verano, allí reinaba un frío terrible de origen claramente mágico, pues sólo afectaba a quienes no contaban con la protección de la Parma Magica. Además, ocasionalmente se oían sonidos extraños. Sin duda era un lugar peligroso, pero había que encontrar al timonel de alguna manera, era la única forma de volver al continente.

Por fin, al caer la noche, y tras usar magia de detección, encontraron al timonel… o lo que quedaba de él. Había sido despedazado igual que el otro soldado, por alguna criatura de origen desconocido. Pero la noche aún depararía una sorpresa más: poco después de hallar el cadáver, la expedición se tropezó con una figura enorme y envuelta en pieles que avanzaba torpemente por el bosque a oscuras. Estaba medio congelado y hablaba en un idioma extraño: se presentó como Ragnar Olafsen, y dijo llevar varios días perdido en el bosque, explicándoles una extraña historia sobre una criatura que moraba en la región y que asesinaba con crueldad a quien se internaba en el bosque. Por suerte, Ragnar sabía pilotar un barco, de manera que aunque fuera por un tiempo, y pese a la desconfianza propiciada como siempre por el Don, ambos bandos unieron fuerzas.

De hecho, Ragnar les acompañó incluso en la incursión que volvieron a realizar al túmulo al día siguiente. Los resultados fueron completamente diferentes. Conociendo con antelación la situación, antes de tocar nada Theoderich y Pancrestis, que conocía un poco el idioma antiguo hablado por los gautas, lograron que Beowulf cobrara forma para conversar con ellos, tomándoles por su fiel Wyglaf. Así es como la expedición descubrió que él y sus thanes sólo querían “descansar”, pero que sólo podrían hacerlo si se destruía lo que les había dado muerte. Sin duda debía de referirse al dragón que había matado a Beowulf en la última gran gesta del rey gauta.

Beowulf ofrecía todas las riquezas de su tumba (salvo su espada, sus cenizas y su torques, a la que tuvo que renunciar Herman) si alguien lograba destruir a quien le había matado. Una palabra, “Earneness”, tendría que servir como única pista para que los magos de Heorot investigaran el paradero exacto donde tuvo lugar la última batalla de Beowulf, y donde probablemente aún moraría el dragón.

Pero eso tendría que esperar, como la criatura del bosque, a la que Ragnar también quería dar muerte. Ambos objetivos se pospusieron a una expedición futura que habría que preparar con cuidado. Así es como todo el grupo volvió a Heorot en un barco bastante mal pilotado por Ragnar. Tras pasar una semana en Selandia, el sector de Phoenix emprendió viaje hasta su vieja y querida pirámide…

Más caras nuevas

Pocos días después, pero aún en el mes de julio, aparece por el covenant precisamente el tal Ragnar, que hace honor a lo explicado sobre él: es un hombre gigantesco, de más de 2,5 metros de estatura, que podría rivalizar en tamaño con el propio Berstuk o con Giddilock. Tiene una musculatura formidable, va armado hasta los dientes y va vestido al estilo de los nórdicos. Habla el germano con un fuerte acento sueco, y quiere cobrar su dinero por su reciente servicio al covenant. Ante un hombre con tan formidables dones, y tras un largo regateo y una demostración de habilidades por parte del nórdico, los miembros del covenant deciden contratar a Ragnar por un tiempo a cambio de un buen sueldo.

Los últimos visitantes que llegan a Phoenix en ese fresco verano son dos caras conocidas, pero sus revelaciones no son menos sorprendentes: por un lado, Karl Schadlos, el “infiltrado” que tiene el covenant en el palacio de Stettin, llega acompañado de una lozana muchacha a la que presenta como Dafne. Su historia es perturbadora: se ha visto obligado a abandonar a toda prisa su tapadera en Stettin ante la inminente llegada de un destacamento del ejército danés. Recientemente se ha librado en Börnhoved, al oeste de Pomerania, una cruenta batalla entre tropas germanas y danesas, con derrota de estas últimas. Valdemar II ha perdido buena parte de sus posesiones en lo que era el norte del Imperio Germano, pero un intento desesperado por conservar algunas de sus plazas fuertes, ha mandado a un par de destacamentos para recuperar algunas ciudades que controlaba hasta ahora. Stettin era una de ellas.

Las noticias de Frederick, mercader y autócrata de Phoenix, que regresa pocos días después, no son mucho mejores. Confirma la historia de Karl, y añade un dato aún más perturbador: las tropas danesas, comandadas por el ex regente de Stettin, Mikal, han tomado cautiva a toda la familia real de Stettin, incluido el joven duque Barnim. También han capturado a Edwin de Mecklenburg, el irritante noble que cobraba impuestos a Phoenix. Como confirma el propio Karl, el único que ha logrado escapar del ataque ha sido el misterioso e insidioso Kaspar

Lluvias y cerveza

El final del verano y el principio del otoño de 1227 se caracteriza por un mal tiempo plagado de lluvias en la región de Pomerania Oeste. De hecho llueve cada día, y muchos de los caminos de la región empiezan a estar anegados. Ante tal situación, Frederick teme seriamente por el negocio recién establecido de importación de cerveza desde Biskupin. Y hablando de Biskupin, tal y como recuerda a los magos Flavius, se acerca la fecha en la que el agua de cierto río cercano a ese pueblo de Cuyavia será mágica por unos instantes.

Ha llegado el momento de enviar de nuevo una expedición a Biskupin para intentar acabar con la criatura (Koshchey “el Inmortal”)que les arrebató el vis hace ahora un año y conseguir el control de dicha fuente. Pronto, a principios de octubre de ese año, y con una lluvia torrencial cayendo sobre sus cabezas, una comitiva formada por Herman, Berstuk, Cornvald y Flavius, junto con algunos grogs, emprende el viaje…

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