La Saga de Phoenix

Escapada por los pelos...
Donde dos magos salvan a tres grogs y se prepara una expedición...

La escaramuza en el puerto de Stettin se complica con la llegada repentina de una nutrida tropa de soldados daneses que ponen en aprietos a los grogs que se encontraban allí. Sólo la llegada providencial de Ahmal invisible y la ayuda de Cormac, que decide dejar de perseguir al misterioso barco invisible, logran salvar la situación. Antes de abandonar la persecución, no obstante, el mago Ex Miscellanea logra ver cómo una misteriosa figura humanoide de gran tamaño se lanza al agua y se aleja nadando sinuosamente de la ciudad. ¿Un mago de la Orden de Odín, tal vez? Esas manos escamosas parecen de lo más sospechoso…

No hay tiempo para pensar. La rápida actuación de los dos magos neutraliza a los soldados daneses con todo tipo de efectos herméticos, incluidas letargos inducidos mágicamente y embarcaderos destruidos por las artes de Ahmal. Eso les permite escapar de Stettin con vida antes de que acudan nuevas tropas al puerto. Pero el precio es caro: Silvie ha resultado gravemente herida, Herzog también está magullado y lo peor de todo, el joven Marcin está moribundo. Todos ellos requerirán tratos especializados por parte de los sanadores del covenant, pero por desgracia el supuesto “doctor” recién llegado, Hieronimus, no se estrena con muy buen pie, y lo que se supone que era una cataplasma curativa acaba teniendo un efecto fulminante contrario, empeorando aún más la situación del joven Marcin y de Herzog.

Ante tal situación, los magos de Phoenix se reúnen con carácter de urgencia y ponen en común sus opiniones ante los últimos acontecimientos, incluidas las sorprendentes revelaciones de Cormac tras una reciente visita al espíritu del bosque de Rethra. Tras debatirlo largo y tendido, llegan a la conclusión de que es necesario hacer una incursión al palacio ducal de Stettin para intentar descubrir quién hay detrás de todo esto. Una incursión bien preparada, a ser posible inminente, a la que sólo irán cuatro elegidos: Cormac, Ahmal, Karl y Cünegunde.

El plan está preparado, ahora sólo hay que ejecutarlo…

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¿La Orden de Odín, al fin?
Donde los magos tienen un déjà vu en el puerto de Stettin...

Tras superar al Caballero Kalteschwert, los magos de Phoenix acceden por fin a la cima del promontorio, donde encuentran a una extraña dama vestida de blanco sentada en un sitial de hielo que llora desconsoladamente. Luce una diadema de perlas y sus lágrimas son de escarcha. Es la Dama Ferlia, consorte de Lord Mesene, señor del Claro Encantado. El motivo del desconsuelo de la Dama es precisamente haber perdido a su amado señor, y ante las preguntas de los visitantes, accede a ayudarles si ellos la ayudan a ella. Tras el lugar donde está sentada, al pie de la colina, el seto que rodea el regio faérico tiene dos aberturas, una de las cuales parece conducir a un lugar más frío aún que el presente, y otro hacia un lugar más mundano donde se adivinan una valla y algunas casas toscas.

¿Por dónde encontrará a su amor la Dama Ferlia? Los visitantes le recomiendan ir por el hueco que parece conducir al buen tiempo, pero justo cuando la Dama va a dar el paso definitivo, la repentina aparición de Lord Mesene la interrumpe. Según parece la escena se repite cada año, cuando Mesene abandona el claro a causa del invierno, y Ferlia le busca infructuosamente. Aclarado el incidente, Mesene confiesa no saber nada sobre el inclemente tiempo, pero se ofrece a intentar ayudar a los magos… si ellos a cambio le traen la manta que cubre los pies del mismísimo Nebelug. El trato parece como mínimo peliagudo, de manera que los magos deciden apurar otras opciones antes de seguir con él. Como por ejemplo el Espíritu del Bosque, al que deciden ir a ver de inmediato.

Pero su viaje al día siguiente se ve truncado por una sorpresa inesperada cuando se encuentran a un Berstuk errático que regresa camino de Phoenix desde la Caverna de los Osos, donde estaba pasando la temporada en meditación. El mago Bjornaer parece haber sido sugestionado por dos misteriosas mujeres de acento extranjero (una anciana y otra una joven de deslumbrante belleza y ojos verdes) a las que se ha encontrado en el bosque. Incapaz de desviar sus pies antes de llegar de nuevo a Phoenix, explica a los demás que las mujeres también se han llevado el vis de Animal de la Caverna de los Osos que había que cosechar en pocas semanas. La noticia sorprende a propios y extraños.

La maquinaria de Phoenix se pone en marcha y, tras diversas investigaciones (incluido un interesante interrogatorio a unas ardillas en el bosque), descubren gracias a Wilhelm el Hediondo y Karl que las mujeres se han refugiado en el Palacio de Stettin, donde se encuentran ahora mismo. Convencidos de que se trata de miembros de la Orden de Odín, en especial tras confirmar que el acento de la más joven es probablemente de origen escandinavo, apostan varios vigías cerca del palacio por si hay novedades. En los siguientes días no hay noticias, a medida que el mes de marzo de 1228 llega a su fin.

Durante esos mismos días, el covenant recibe un par de visitas de mención. En primer lugar Mario el Gorra Roja pasa por allí, aterido de frío, para hacer entrega de una carta para Herman. También a finales de marzo, Clarisa, la maga curandera a la que conocían de algunos viajes anteriores, llega a Phoenix para saludar a Ahmal, con quien parece que compartió parte de sus recientes aventuras en solitario, y también con la intención de examinar los contenidos de la biblioteca. Le acompaña un curioso sujeto, un personaje alto, con la cara desfigurada y aspecto taciturno. Se presenta como Hieronimus Voolrich, “doctor, sanador y cazador de monstruos”, y parece que también coincidió con Ahmal en sus recientes viajes. Visita Phoenix a sugerencia de Ahmal para ofrecer sus considerables habilidades (desde la creación de cataplasmas curativas hasta venenos). El personaje, extraño y melancólico, tal vez tenga algo de interés que ofrecer a los magos de Phoenix, entre quienes no se cuenta por ahora Berstuk, que ha partido hacia el norte por un asunto privado.

Pero todas esas novedades quedan en segundo plano a los pocos días, cuando los grogs de guardia en Stettin avisan a Phoenix de que las misteriosas mujeres han salido de palacio en dirección al puerto. Pese a que el aviso se hace a través de Serre, el veloz halcón de Silvie, los grogs de guardia (Herzog, Marcin y la propia Silvie) deben intervenir a la vista de que las dos mujeres entran en una barcaza acompañadas de tres soldados daneses. En la escaramuza subsiguiente hay evidentes muestras de magia: el puerto se ve invadido por una súbita tormenta convocada, según parece, por una fuerte voz grave que viene de dentro de la barca; la misteriosa joven de ojos verdes, acorralada y herida, sugestiona a Silvie para que salte por la borda en una acción casi suicida que tal vez acaba salvándole la vida. Poco después, una figura sale volando del barco en dirección desconocida. Y para colmo de maravillas, el barco parece desaparecer como por arte de magia cuando está a punto de salir del puerto helado, aunque su silueta es mínimamente visible desde el embarcadero principal.

Cuando el primero de los magos de Phoenix, Cormac, llega en forma de búho a la escena, se encuentra con tres grogs ateridos, malheridos y fatigados, que le explican la situación. Pronto se posa en la borda de un barco invisible, sin saber bien qué hacer…

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Despedidas... y frío, mucho frío
Donde los magos se despiden de Tat y buscan el origen del frío que reina en la región

El año 1228 empieza frío, con copiosas nevadas que amenazan con incomunicar no sólo el covenant de Phoenix, sino también, según los rumores, la mismísima ciudad de Stettin. Ante el mordaz frío que reina en el bosque, en el que cada vez hay menos vida animal y vegetal, los magos del covenant deciden encantar un objeto, la Stella Laris, un pequeño fragmento de basalto al que Cormac da forma de estrella de ocho puntas antes de que Herman y Cünegunde lo encanten en su laboratorio.

Pero esos primeros meses del año, pese al frío, son enormemente movidos a todos los niveles. Mientras un puñado de valientes grogs se entrenan sobre la nieve exterior, en una biblioteca especialmente concurrida por ser uno de los pocos lugares en los que el frío no muerde tanto, los magos debaten asignar un estipendio anual de vis para cada miembro del covenant, para proyectos personales. Al final, tras muchas decisiones, se decide asignar dos peones al año a cada mago, siempre sometidos a aprobación de todo el consejo de magos.

A mediados de febrero tiene lugar un regreso esperado por muchos: Ahmal Brakvla, de viaje desde el final del pasado Tribunal, regresa por fin a Phoenix. Según cuenta ha vivido ciertas aterradoras aventuras relacionadas con un vampiro en el Tribunal de Transilvania, y ha aprovechado sus viajes para visitar Triamore y copiar el libro que dicho covenant ofreciera años atrás a Phoenix, De Flumines Virtutes, un tractatus de Vim escrito hace varios siglos por la famosa Conciatta de Bonisagus.

Ahmal vuelve con una copia de dicho libro, y en su viaje le ha acompañado Daria la Gris, Princeps de Triamore y una de las magas Tremere más influyentes del Tribunal. Viene a buscar a Tat, el joven ahijado de Petar, al que adoptará como su nuevo aprendiz. La llegada de los dos Tremere es recibida con alegría por sus sodalis, pero con temor y tristeza por el herrero y el muchacho, que trata de resistirse, sin éxito, a lo inevitable. En un momento de berrinche, trata de usar sus poderes de sugestión con Ahmal y Daria, pero sus extraños poderes le afectan directamente a él y acaba perdiendo el conocimiento. A partir de ese momento se resigna a su sino. Al cabo de dos días, en una escena de gran intensidad emocional, Petar y Tat se despiden, no sin que el herrero haya obtenido la promesa de los magos de Phoenix de ir a visitar al muchacho en algún momento de los próximos años. Ahmal, en tiempos protector de Tat, se despide también afectuosamente del chico, entregándole un colgante con un extraño colmillo. El muchacho siente cierto resentimiento hacia el Tremere… y un odio acervo hacia Herman, a quien no perdona una afrenta pasada.

Tras la marcha de Daria la vida vuelve a la normalidad relativa del frío invierno que reina en la región. Decididos a hallar su extraño origen, los magos determinan dos posibles causas: por un lado la Dama Ferlia, consorte del faérico Lord Mesene, de quien sólo conocen lo que les contara en su momento Cornvald; por otro, algún efecto generado desde Stettin, hoy en día tomada por los daneses, y epicentro de esta oleada de frío.

Pero antes de investigar ambos lugares, los magos deciden hacer una visita a Nebelug, el Rey Enano bajo la Montaña, quien fuera el primero que vaticinara la llegada del frío. Por desgracia, el camino hacia el reino de Nebelug parece estar cerrado, por motivos desconocidos. Resignados, los magos emprenden la búsqueda del claro de Lord Mesene, y tras sobrevolar el bosque Cormac logra hallar el lugar, marcado por un promontorio coronado por una docena de árboles pelados que parecen formar una especie de silueta ovalada desde el aire.

Ya con la expedición al completo, los aventureros se adentran en el desconocido regio faérico, en el que aún hace más frío que en el mundo exterior. Tras cruzar dos niveles de regio y empezar a a ascender el promontorio bajo una fuerte nevada, surge de la nada una enorme figura enfundada en una formidable armadura de lo que parece hielo blanco y armada con un no menos formidable espadón. El caballero se presenta de manera extremadamente florida como Kalteschwert, Defensor de la Dama Ferlia, y sólo franqueará el paso a quien le venza en combate singular. Al parecer el “combate singular” puede adoptar muchas formas, pero ninguna parece bastar para vencer al gigante: Berstuk cae derrotado en un pulso con el caballero, Ragnar hace lo propio… Y sólo Ahmal logra, en un fulgurante duelo con arma blanca, impactar en la armadura del caballero, sin hacerle la más mínima abolladura.

Sin embargo, eso parece suficiente. Kalteschwert se hinca de hinojos ante Ahmal y reconoce su derrota. El camino hacia Ferlia parece expedito…

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Encuentro con Koshchey... y nieve
Donde los magos descubren una potente de vis, un potente enemigo... y un frío mordaz

La expedición a Biskupin se salda con un resultado impredecible. Tras llegar al pueblo cervecero, el grupo de expedicionarios tiene un encuentro con la misma criatura con la que habían tenido una pequeña escaramuza el año anterior, Koshchey el Inmortal. En esta ocasión la criatura aparece con una forma gigantesca, aunque la rápida reacción de magos y grogs consiguen derribarle sin demasiados problemas.

Por desgracia, parece que su apelativo de Inmortal es justificado, y aunque derrotado e inmovilizado, Koshchey se niega a morir, ni siquiera tras ser sometido a las peores atrocidades que es capaz de imaginar el grupo. Tras más de un día torturando el cuerpo semicomatoso de Koshchey, el grupo decide arrojarle a un pozo atado de pies y manos y cubrir el pozo de piedras para evitar que pueda escapar de allí… ¿por toda la eternidad?

Las buenas noticias vienen de la fuente de vis propiamente dicha: el líquido resulta ser una fuente de vis dedicado, como descubre Flavius alborozado. Este tipo de fuentes, enormemente inusuales en toda Europa, se caracterizan porque su vis es de dos tipos, en lugar de uno solo. En el caso de las fuentes de Biskupin, se trata de vis de tipo Rego y Aquam, y proporciona nada menos que 5 peones al año. Una fuente de nada desdeñable, de un valor incalculable para un joven covenant como Phoenix.

Un final de 1227 pasado por agua

Al regresar al covenant, la expedición descubre consternada que sigue lloviendo a cántaros en toda la región cercana a Stettin y el bosque de Rethra. El autócrata de Phoenix, Frederick, confiesa que eso está complicado enormemente toda la importación de cerveza desde Biskupin, y que sólo los diferentes acuerdos de Phoenix con otros covenants han permitido llegar a fin de año sin sufrir un pequeño déficit.

No son esas las únicas malas noticias: Karl, el espía del covenant en Stettin, ha intentado infiltrarse en el palacio ducal invisible, en un intento por descubrir qué había ocurrido con los gobernantes legítimos de la ciudad: No tiene éxito: la abundante guardia danesa que ha ocupado el castillo le impide llegar hasta las mazmorras, donde presumiblemente languidecen el joven Duque Barnim y su madre Miroslawa.

La constante lluvia lleva a los magos de Phoenix a realizar una (para ellos) atrevida maniobra: Cünegunde asciende hacia las nubes de tormenta que flotan sobre toda la región y, una vez allí, improvisa un hechizo para determinar si las lluvias tienen algún origen mágico. No detecta nada mágico, lo cual resulta aún más desconcertante. Y mientras el desconcierto se mantiene, las malas condiciones climáticas empiezan a cobrarse su precio entre algunos de los habitantes más mayores del covenant, por los que empiezan a pasar los años…

Viajes en el horizonte

El año se cierra con varias visitas y noticias más o menos esperadas. Mario el Gorra Roja llega trayendo la dote de vis y dinero de Fengheld, pero también un mensaje procedente de Heorot, de puño y letra de Pancrestis, quien afirma haber localizado “Earneness”, el lugar donde podría seguir viviendo el legendario dragón que mató a Beowulf, y al cual deben matar para dar paz al espectro del rey gauta y poder acceder a los tesoros de su tumba. Pancrestis y los demás magos de Heorot invitan a los magos a preparar la expedición cuando consideren adecuado.

Del que sigue sin saberse nada es de Ahmal de Tremere, desaparecido desde que terminara el Tribunal hace más de medio año, tras emprender un viaje personal que también le debería haber llevado a conseguir un codiciado tractatus de Vim ofrecido por el lejano covenant de Triamore, en el otro extremo del Tribunal…

Enero de 1228: Cuando no llueve, nieva

En los primeros días de enero de 1228 el clima cambia… a peor. Deja de llover y la temperatura baja varios grados, alcanzando un frío pocas veces visto aun en estas latitudes. Además, empieza a nevar copiosamente, y a los pocos días toda la región parece cubierta por un manto blanco, Stettin incluida. La ciudad está completamente paralizada.

Ante tal situación, Herman improvisa un par de hechizos para mantener el calor tanto en la enfermería como en su propio sanctum, pero en el resto del covenant sigue reinando un frío gélido. Mientras Berstuk propone crear un objeto que aporte calor a todo el covenant, los magos empiezan a preguntarse qué está pasando con el tiempo…

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Muchos encuentros
Donde Phoenix se llena de caras nuevas...

Corre la segunda semana de julio de 1227. En la explanada de Phoenix se oye menos bullicio del habitual. Sólo dos magos ocupan ahora mismo el claro, e incluso una parte de la turba de los grogs, con su capitana a la cabeza, llevan casi un mes fuera acompañando a los magos que se fueron en busca de la Tumba de Beowulf.

Pero la espera ha terminado. Un despejado día de julio, el ruido de visitantes anima el claro. Sí, por fin ha regresado Berstuk, al que acompañan dos curiosos personajes. El primero, Ursus Albus, es su maestro, cuya presencia ya había alertado el Bjornaer a través de un mensaje entregado por un Gorra Roja apenas unos días antes. El otro es un joven apocado y claramente temeroso, y Berstuk lo presenta como Vaclar, el nieto de un viejo sacerdote de Svantevit al que ha conocido en sus recientes viajes, y al que ha traído al covenant con intención de despertar su “lado místico” dormido…

Pero Berstuk no es el único que regresa en julio. También lo hacen Cormac y Herman, los dos magos que lideraron la expedición hacia el norte. Vuelven cansados y acompañados por los mismos grogs que se fueron. Por suerte no hay que lamentar bajas, pero alguno de ellos se encuentra en un estado bastante delicado.

La historia del túmulo de Beowulf

Tras su regreso, Cormac y Herman explican la historia de la expedición a Hroneness. Explican cómo, tras encontrar la tumba del héroe gauta y robar su torques, tuvieron que enfrentarse a los doce thanes que protegían la tumba. Fue un combate feroz, en el que todos dieron lo mejor de sí, pero que probablemente habría tenido un final muy diferente de no estar allí Theoderich de Augsburg. El mago Jerbiton demostró todo su poder destructivo con espíritus y su actuación fue clave para la supervivencia de la expedición.

Neutralizados los espíritus, los intrusos encontraron una nueva sorpresa al volver al interior del túmulo: allí había aparecido por arte de magia un nuevo cadáver, que ocupaba el trono previamente vacío, y que empuñaba la espada que antes yacía en el suelo. La criatura, acaso el propio Beowulf, o lo que quedaba de él, parecía tener conciencia y tras hablar formular una pregunta incomprensible a los intrusos, sumió todo el túmulo en una oscuridad impenetrable, impidiendo a los visitantes recuperar sus tesoros.

La expedición intentó por todos los modos posibles anular esa oscuridad mágica y acceder a las riquezas del túmulo, llegando a destruirlo en parte, sin suerte. Al final, desesperados, y descubriendo con preocupación que los espíritus que creían destruidos parecían recuperar su forma, decidieron volver al nivel mundano para descansar antes de volver a intentarlo al día siguiente. Pero las sorpresas del viaje no habían terminado, y al hacerlo, en el lugar donde habían dejado al timonel del barco y uno de los soldados de Heorot, sólo quedaba un gran manchurrón de sangre. Un reguero de huellas partía desde allí en dirección al bosque cercano, rastro que siguieron hasta encontrar el cadáver horriblemente destripado del soldado a las afueras del bosque. Pero aún faltaba el timonel, de manera que decidieron adentrarse en el bosque en su búsqueda.

El bosque, como pronto descubrirían, estaba embrujado. Pese a ser verano, allí reinaba un frío terrible de origen claramente mágico, pues sólo afectaba a quienes no contaban con la protección de la Parma Magica. Además, ocasionalmente se oían sonidos extraños. Sin duda era un lugar peligroso, pero había que encontrar al timonel de alguna manera, era la única forma de volver al continente.

Por fin, al caer la noche, y tras usar magia de detección, encontraron al timonel… o lo que quedaba de él. Había sido despedazado igual que el otro soldado, por alguna criatura de origen desconocido. Pero la noche aún depararía una sorpresa más: poco después de hallar el cadáver, la expedición se tropezó con una figura enorme y envuelta en pieles que avanzaba torpemente por el bosque a oscuras. Estaba medio congelado y hablaba en un idioma extraño: se presentó como Ragnar Olafsen, y dijo llevar varios días perdido en el bosque, explicándoles una extraña historia sobre una criatura que moraba en la región y que asesinaba con crueldad a quien se internaba en el bosque. Por suerte, Ragnar sabía pilotar un barco, de manera que aunque fuera por un tiempo, y pese a la desconfianza propiciada como siempre por el Don, ambos bandos unieron fuerzas.

De hecho, Ragnar les acompañó incluso en la incursión que volvieron a realizar al túmulo al día siguiente. Los resultados fueron completamente diferentes. Conociendo con antelación la situación, antes de tocar nada Theoderich y Pancrestis, que conocía un poco el idioma antiguo hablado por los gautas, lograron que Beowulf cobrara forma para conversar con ellos, tomándoles por su fiel Wyglaf. Así es como la expedición descubrió que él y sus thanes sólo querían “descansar”, pero que sólo podrían hacerlo si se destruía lo que les había dado muerte. Sin duda debía de referirse al dragón que había matado a Beowulf en la última gran gesta del rey gauta.

Beowulf ofrecía todas las riquezas de su tumba (salvo su espada, sus cenizas y su torques, a la que tuvo que renunciar Herman) si alguien lograba destruir a quien le había matado. Una palabra, “Earneness”, tendría que servir como única pista para que los magos de Heorot investigaran el paradero exacto donde tuvo lugar la última batalla de Beowulf, y donde probablemente aún moraría el dragón.

Pero eso tendría que esperar, como la criatura del bosque, a la que Ragnar también quería dar muerte. Ambos objetivos se pospusieron a una expedición futura que habría que preparar con cuidado. Así es como todo el grupo volvió a Heorot en un barco bastante mal pilotado por Ragnar. Tras pasar una semana en Selandia, el sector de Phoenix emprendió viaje hasta su vieja y querida pirámide…

Más caras nuevas

Pocos días después, pero aún en el mes de julio, aparece por el covenant precisamente el tal Ragnar, que hace honor a lo explicado sobre él: es un hombre gigantesco, de más de 2,5 metros de estatura, que podría rivalizar en tamaño con el propio Berstuk o con Giddilock. Tiene una musculatura formidable, va armado hasta los dientes y va vestido al estilo de los nórdicos. Habla el germano con un fuerte acento sueco, y quiere cobrar su dinero por su reciente servicio al covenant. Ante un hombre con tan formidables dones, y tras un largo regateo y una demostración de habilidades por parte del nórdico, los miembros del covenant deciden contratar a Ragnar por un tiempo a cambio de un buen sueldo.

Los últimos visitantes que llegan a Phoenix en ese fresco verano son dos caras conocidas, pero sus revelaciones no son menos sorprendentes: por un lado, Karl Schadlos, el “infiltrado” que tiene el covenant en el palacio de Stettin, llega acompañado de una lozana muchacha a la que presenta como Dafne. Su historia es perturbadora: se ha visto obligado a abandonar a toda prisa su tapadera en Stettin ante la inminente llegada de un destacamento del ejército danés. Recientemente se ha librado en Börnhoved, al oeste de Pomerania, una cruenta batalla entre tropas germanas y danesas, con derrota de estas últimas. Valdemar II ha perdido buena parte de sus posesiones en lo que era el norte del Imperio Germano, pero un intento desesperado por conservar algunas de sus plazas fuertes, ha mandado a un par de destacamentos para recuperar algunas ciudades que controlaba hasta ahora. Stettin era una de ellas.

Las noticias de Frederick, mercader y autócrata de Phoenix, que regresa pocos días después, no son mucho mejores. Confirma la historia de Karl, y añade un dato aún más perturbador: las tropas danesas, comandadas por el ex regente de Stettin, Mikal, han tomado cautiva a toda la familia real de Stettin, incluido el joven duque Barnim. También han capturado a Edwin de Mecklenburg, el irritante noble que cobraba impuestos a Phoenix. Como confirma el propio Karl, el único que ha logrado escapar del ataque ha sido el misterioso e insidioso Kaspar

Lluvias y cerveza

El final del verano y el principio del otoño de 1227 se caracteriza por un mal tiempo plagado de lluvias en la región de Pomerania Oeste. De hecho llueve cada día, y muchos de los caminos de la región empiezan a estar anegados. Ante tal situación, Frederick teme seriamente por el negocio recién establecido de importación de cerveza desde Biskupin. Y hablando de Biskupin, tal y como recuerda a los magos Flavius, se acerca la fecha en la que el agua de cierto río cercano a ese pueblo de Cuyavia será mágica por unos instantes.

Ha llegado el momento de enviar de nuevo una expedición a Biskupin para intentar acabar con la criatura (Koshchey “el Inmortal”)que les arrebató el vis hace ahora un año y conseguir el control de dicha fuente. Pronto, a principios de octubre de ese año, y con una lluvia torrencial cayendo sobre sus cabezas, una comitiva formada por Herman, Berstuk, Cornvald y Flavius, junto con algunos grogs, emprende el viaje…

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En busca de la Tumba de Beowulf
Donde los magos se adentran en la fría Suecia...

Tras terminar el Tribunal de 1227, se produce una pequeña diáspora en los magos de Phoenix. Ahmal emprende viaje hacia Transilvania con un propósito desconocido, pero antes de partir les dice a sus sodales que ha encontrado un tutor para hacerse cargo del pequeño Tat. Por su parte, Berstuk emprende el viaje de vuelta acompañando a la comitiva de Crintera. Sin embargo, los magos que sí vuelven hacia Pomerania cuentan con una compañía inesperada, la de la comitiva de Heorot, que les acompañana en la vuelta a su hogar antes de emprender la expedición en busca de la tumba de Beowulf, como habían acordado.

El viaje de vuelta transcurre sin ningún contratiempo, y pronto la comitiva está de vuelta en Phoenix, donde sigue haciendo fresco pese a ser una temperatura estival. Tras ultimar los preparativos, la expedición viaja aún más al norte, liderada por Herman y Cormac, al mando de cinco grogs. El destino: Heorot.

Heorot… y Hroneness

Tras un breve periplo en barco que revuelve el estómago a algún que otro mago, la expedición llega a la isla de Selandia, donde se encuentra Heorot. El covenant tiene reputación de humilde en el Tribunal, y pronto los magos descubren por qué: situado en una desolada llanura en plena zona cenagosa del centro de Selandia, Heorot apenas cuenta con un puñado de estructuras dominadas por un alargado edificio de madera donde los magos invitados son obsequiados por un auténtico festín, puntualmente interrumpido cuando Signum Irruptus se entera de que el troll que tenía en cautividad ha logrado escapar. Pero el mago decide solventar ese asunto al regreso del viaje a Suecia, y tras el banquete se realizan los preparativos postreros para emprender el tramo final del viaje.

Según las leyendas y los datos reunidos por los magos de Heorot, la tumba de Beowulf se encuentra en las cercanías del cabo Hroneness, en la costa sudoeste de Suecia. Apenas saben pocos datos más, aunque según las leyendas el lugar fue elegido por el propio Beowulf cuando fue herido de muerte por el dragón con el que se enfrentó en el último combate de su vida. Su fiel Wyglaf, el único thane que le había sido fiel en esa terrible batalla final, le incineró y le enterró en algún punto de esa región. Hacia allí pone rumbo la expedición, de nuevo en una rápida travesía por el Báltico occidental.

Pronto, Cormac, a vista de búho, localiza lo que sólo puede ser la tumba en cuestión: un círculo de murallas semiderruidas en el cual el grupo se aventura con prudencia. Precisamente Cormac logra distinguir lo que sólo puede ser la frontera de un regio a la entrada del recinto en ruinas. Cuando el grupo lo atraviesa, todo cambia, y lo que hasta hace poco eran unas ruinas ahora se convierten en unas elevadas e imponentes murallas que rodean un pequeño túmulo de rocas. En el cielo reina una noche eterna sólo interrumpida por puntuales relámpagos, y una neblina invade todo el interior del recinto.

En esa neblina, tanto Cormac como Theoderich detectan la presencia de unos espíritus de origen desconocido. Los espíritus parecen ajenos a los visitantes, que pronto se acercan al túmulo en busca de una entrada. Tras apartar unos cuantos cascotes, descubren un angosto pasadizo que conduce a una pequeña sala subterránea atiborrada de todo tipo de tesoros: monedas, gemas, adornos preciosos y armaduras antiguas, entre los que también asoman decrépitos pergaminos antiguos y armas. En el centro, un solitario trono de hierro tiene depositado en su asiento una especie de urna metálica con una extraña inscripción. Al pie del trono hay una torques y una espada ancha de aspecto antiguo.

Tras un minucioso análisis de los contenidos de la estancia, los expedicionarios que han entrado en el túmulo deciden al fin coger algún objeto. Pero cuando Cormac sale al exterior con la torque del trono, se produce una reacción inmediata: los espíritus cobran forma física, convirtiéndose en antiguos thanes montados a caballo que cargan de inmediato contra los intrusos. La batalla está servida…

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La revolución de 1227
El Tribunal del Rin termina entre convulsiones...

Tras la decisión del Tribunal de no expulsar a Tabanus de la Orden, Caecilius, visiblemente contrariado, insiste en castigar de alguna forma al Guernicus y no sólo decide enviarle durante un tiempo a Magvillus, domus magnus de la Casa, para reevaluar su capacidad como Quaesitor, sino que también castiga a Tabanus a pagar 2 torres de vis por lo que considera un perjuicio al haber privado a Roznov de una de sus principales fuentes de vis. No contento con ello, también condena a Tabanus a pagar con cuatro temporadas de servicio al Tribunal por los gastos y esfuerzos que ha requerido la gestión del caso. La determinación de Caecilius es tal que nadie se atreve a contrariarle, aunque sin duda hay quien empieza a dudar sobre la imparcialidad del Bonisagus Quaesitor. Por su parte, Tabanus acepta el castigo contrito, reafirmándose pese a todo en su actuación.

La decisión de Caecilius tiene una consecuencia añadida: con la desaparición, al menos por el momento, de Tabanus de panorama del Rin, el Tribunal se queda con sólo tres Quaesitoris: Caecilius, Eule y Winfrida, una joven Guernicus adiestrada en Durenmar en años recientes. Muchos dudan que eso sea suficiente para mantener el orden en el Tribunal durante unos años próximos que se antojan complicados, y no son pocos los que esperan que Magvillus envíe algún sustituto de Tabanus que pueda echar una mano a los Guernicus locales.

Tras un agotador día, los magos se retiran a sus aposentos. Como siempre, las noches en un Tribunal son casi tan movidas como los días: Herman hace una visita a la torre de Fengheld para expresar su indignación por la decisión tomada, y poco después la tienda de Phoenix recibe una visita inesperada: Tandaline, la pálida y delgada maga de iris multicolores que siete años atrás abordara a los magi de Phoenix junto con Murion, se interesa por “novedades” en el flanco oriental del Tribunal, haciendo sin duda referencia a la confidencial sugerencia que hizo la mismísima Prima de Bonisagus para que los miembros de Phoenix intentaran ampliar la frontera este del Rin. Los magos responden la verdad: que están en situación de hacerse con una fuente de vis situada en territorio de Novgorod, pero que aún no hay nada concretado.

El día siguiente se dedica íntegramente a uno de los temas principales del Tribunal: la declaración de varios de los covenants del Rin de escindirse y fundar, junto con algunos covenants del Tribunal de Normandía, un nuevo Tribunal: el Tribunal Lotaringio. Con Daria la Gris de Triamore como portavoz oficial del movimiento, la propuesta, no por esperada, resulta menos escandalosa para las mentes más tradicionales del Rin, que temen ver cómo el Tribunal perdería aún más fuerza política si todo su flanco oriental desapareciera de repente. Los covenants independientes son Triamore, Waddenzee y Oculus Septentrionalis, pero sin duda la mano de Fengheld también se adivina como un factor importante, no en vano el covenant tiene una casa capitular en Colonia, en pleno territorio de lo que sería el nuevo Tribunal. Ni siquiera las súplicas de una Murion cada vez más alterada conforme avanza el Tribunal sirven para que Daria y los suyos recapaciten: el año siguiente, en el Gran Tribunal, se propondrá oficialmente la creación del nuevo Tribunal Lotaringio.

El resto de la jornada se dedica precisamente a elegir a los representantes del Rin que asistirán al Gran Tribunal del año que viene. Además de los Primus de las tres Casas con domus magnus locales (Falke por Bjornaer, Handri por Irencilia y Murion por Bonisagus), hay tres plazas vacantes más. Varios son los candidatos que se presentan, y tras una votación los elegidos son Stentorius de Fengheld, Daria de Triamore y Occultes de Durenmar. El Gran Tribunal se adivina muy caldeado.

En la penúltima noche del Tribunal apenas hay movimientos, y sin duda algunos magos empiezan a mostrar sus ganas de marcharse de vuelta a sus covenants, habida cuenta de que los temas más importantes ya han sido dirimidos. Pero aún hay una sorpresa más para todos: al día siguiente, tras anunciar Phoenix su renuncia al portal inutilizado de Durenmar, Winfrida de Guernicus hace públicos los resultados de la investigación llevada a cabo en fechas reciente para descubrir al mago más anciano del Tribunal. La investigación fue solicitada en el anterior Tribunal, y Winfrida ha logrado determinar que hay tres magos en el Tribunal que tienen exactamente la misma edad, 167 años: Caecilius, Schadrit de Dankmar y Eule de Fengheld.

De inmediato Caecilius niega cualquier intención de desear el puesto, lo que dejaría la elección entre Eule y Schadrit. Pese a una nueva súplica de Murion, que plantea si realmente el Tribunal “quiere ser regido por una lechuza o por una de las peores manzanas podridas de la Orden”, la cuestión se somete a votación. El resultado final no podría ser más apretado: 59 magos votan por mantener la tradición. 60 votan por cambiarla. El runrún que invade el Foro de Hermes sólo se puede comparar a la expresión demudada de Murion y casi todos los Bonisagus de Durenmar. El propio Caecilius no toma la palabra hasta transcurridos unos minutos, que se pasa en visible estado de meditación. Al final, el anciano Quaesitor se levanta, con aspecto más cansado que nunca, y muchos esperan que ejerza el derecho que un Quaesitor nunca desea usar: el de vetar una decisión legítima del Tribunal. Sin embargo, en una decisión que podría marcar el futuro a corto plazo del Tribunal y que transmite una clara imparcialidad, Caecilius homologa la votación, aunque anuncia que la presentará ante el Concilio de Magvillus para revisión. Sin embargo, por ahora la votación se considera válida, y dado que hay dos candidatas al puesto de Praeco, sugiere la única forma posible de dirimirlo: un certamen.

Pero las sorpresas no terminan ahí: en cuanto Caecilius ha terminado de hablar, es Gunther Lupus quien toma la palabra. Lupus es el filius de Eule, la lechuza Quaesitor, y quien traduce sus mensajes mientras ella está en forma de búho, que es casi siempre últimamente. Para sorpresa de propios y extraños, Lupus anuncia que Eule no está en condiciones de librar ningún certamen ahora mismo, y que renuncia también al puesto. Esa declaración parece tomar por sorpresa incluso a los miembros de Fengheld, que miran atónitos al Bjornaer. Stentorius en concreto le fulmina con la mirada, pero no dice nada, y en medio de la barahúnda que provoca la declaración, que a efectos prácticos convierte a Schadrit en la nueva Praeco, ni siquiera Caecilius logra poner orden. Incluso el propio Tabanus empieza a soltar frases funestas hablando de un Tribunal fragmentado por las luchas internas y fratricidas. Sólo un espectacular fogonazo que invade todo el Foro de Hermes, lanzado por el mismísimo Philippus Niger, Defensor de Durenmar, logra acallar a la concurrencia, que sigue murmurando y hablando por lo bajo, mientras Caecilius, más resignado que nunca, anuncia que de ahora en adelante, salvo que el Concilio de Magvillus indique lo contrario, Schadrit será la nueva Praeco y el próximo Tribunal se celebrará en Dankmar. La propia Schadrit se levanta y hace una reverencia mitad seria, mitad mofa en dirección a los magos de Durenmar, momento en el cual muchos recuerdan que su maestra, la fundadora de Dankmar, fue expulsada de Durenmar por los maestros de muchos de los Bonisagus que hoy están presentes en este Tribunal.

El Tribunal no recupera la normalidad durante el resto del día, y los temas menores que se tratan, como el enfrentamiento enconado entre Lucas Ribecus de Waddenzee y Estrid Danesson de Oculus Septentrionalis, quedan en segundo plano. El discurso final de Caecilius no hace sino dar forma verbal a lo que muchos sienten:

“Ha sido este un Tribunal que para bien o para mal, cambiará en muchos aspectos el Tribunal del Rin a corto plazo. Sólo el tiempo dirá si las decisiones que ha tomado cada mago en esta reunión han sido para bien o para mal, pero me entristece ver cómo la cuna de la Orden de Hermes se convierte en campo de batalla entre facciones interinas que sólo buscan el provecho personal. Algo en mis huesos me dice que se acerca un gran peligro, y que este es el peor momento para la fragmentación. Que podríamos pagar muy caros nuestros actos aquí. Pero así lo han decidido los magi de pleno derecho de este Tribunal, y como ninguna de las decisiones tomadas aquí contraviene directamente el Código de Hermes, no veo motivo para no homologar este Tribunal. Tal vez no haya que esperar hasta dentro de siete años para ver si hemos acertado… o nos hemos equivocado”.

La sensación generalizada entre los asistentes es que el Tribunal ha significado el inicio de la inevitable desintegración de Durenmar como poder principal del Tribunal. Y aunque Fengheld no ha obtenido ninguna ventaja clara, son ellos quienes parecen los principales triunfadores. Todos se preguntan si el Consejo de Magvillus impugnará la votación o de lo contrario, qué ocurrirá dentro de siete años en Dankmar, un covenant en lo más profundo de la Selva Negra que muy pocos magos han visitado con frecuencia en las últimas décadas.

Pero pese a lo conflictivo del Tribunal, sus integrantes no tardan en hacer las maletas y partir de vuelta hacia sus respectivas moradas. Los primeros de todos los Bjornaer de Crintera, sorprendentemente apáticos durante toda la reunión, que se marchan de inmediato con Berstuk en sus filas. Ahmal también anuncia a sus compañeros que tiene asuntos urgentes en Transilvania a los que atender, tras lo cual viajará a Triamore para conseguir ese famoso tractatus que tantas veces la ha ofrecido Daria.

Pero antes de que la comitiva de Phoenix se separe, aún ocurren dos cosas. En primer lugar los magos deciden comprar varios de los objetos que tiene a la venta Marcus Navicularius, el Verditius de Oculus Septentrionalis: el martillo al que llama Hermano de Mjolnir, la Malla Adamantina y también la Capa del Viajero, por un total de 6 peones de Creo y 2 de Terram. También compran al otro Verditius en el Tribunal, Peter von Wurzburg de Fengheld, 4 dosis de uno de sus vinos, que paraliza a quien lo bebe, a cambio de 3 peones más de vis de Herbam. De esta forma la comitiva vuelve sin casi todo el vis que había traído, pero con varios objetos más que pueden ser de utilidad.

También antes de que se inicie el viaje de vuelta, los magos de Heorot que hicieran el viaje al Tribunal con Phoenix desde Stettin, también hacen una propuesta al covenant. Signus Irruptus, Theoderich de Augsburg y Pancrestis viven en la isla de Selandia por varios motivos: Signus está obsesionado por los trolls y su supuesta ascendencia mágica, Theoderich quiere comunicarse con los espíritus de los difuntos nórdicos y Pancrestis entrar en contacto con algún miembro de la Orden de Odín. Recientes hallazgos cercanos a Heorot les han permitido localizar la tumba de un antiguo héroe de la tribu de los gautas, Beowulf. Las leyendas que giran en torno a Beowulf son muy variadas, pero en todos los casos dicen que su tumba, dotada de grandes riquezas, estaba protegida por grandes poderes. La expedición a la tumba parece idónea no sólo para los propósitos de Heorot, sino también para sus arcas, reconocidamente exiguas. Pero los magos de Heorot no son precisamente expertos en misiones de campo, así que piden ayuda a Phoenix como el covenant más cercano geográficamente y también políticamente, pues consideran que puede ser una expedición beneficiosa por ambos bandos. Ante la pequeña diáspora de los magos de Phoenix, sólo Herman accede a ayudar a Heorot, aunque sugiere pasar antes por Phoenix para coger algunos grogs que colaboren en la expedición…

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El Tribunal de 1227
Donde se resolverán muchas cosas...

La vida en Phoenix no da un respiro a sus habitantes, ni siquiera cuando estos se disponen a asistir al Tribunal: mientras reciben rumores sobre robos de cuerpos en el cercano Stettin, también regresa a Phoenix el Autócrata, Frederick, con la buena nueva de que lo tiene todo a punto para emprender la importación de cerveza desde Biskupin. Sólo falta decidir la inversión inicial, que será de 2 tun: casi 2000 litros de cerveza.

Pero sin duda la novedad más destacada es la llegada de la comitiva procedente del covenant de Heorot, con su líder Signus Irruptus a la cabeza. Los magos, que reconocen estar pasándolo mal en el gélido norte, han decidido pasar por Phoenix para visitar a otro de los covenants más jóvenes de la región y hacer el viaje con ellos hacia el Tribunal.

El Tribunal del Rin

El viaje conjunto no tiene mayores consecuencias, y pronto, a finales de abril de 1227, los magos de Phoenix acuden hasta Durenmar para participar en un nuevo Tribunal. Allí se encuentran con muchas caras conocidas, unas amistosas, otras no tanto: poco a poco van llegando todos los covenants del Tribunal, y cada uno se va apostando en la explanada de Hermes de cara a la inminente reunión.

Los días previos al inicio del Tribunal se retoman contactos y se establecen relaciones de todo tipo. Cormac hace una visita a las magas de Dankmar. Herman y Ahmal van a hablar con sus amigos de Fengheld. Y todo Phoenix en general se pasa a ver los objetos que tienen a la venta dos de los Verditius del Tribunal, Marcus Navicularius de Oculus Septentrionalis y Peter Von Wüzburg de Fengheld. Incluso Clarisa, la afable maga Ex Miscellanea que salvó la vida a Ahmal hace algunos años, aparece por el Tribunal.

Tribunal, Día 1: Prolegómenos

El Tribunal se abre como siempre, con un discurso en el que Murion, Prima Bonisagi y Praeco del Tribunal, avisa de los numerosos peligros que amenazan al Tribunal en todos los flancos: desde el norte, desde el este… incluso desde el interior. Apela a la unión de todos los magos en tiempos difíciles y luego cede la palabra a Caecilius, el Quaesitoris Regente, que se encarga de leer el orden del día, repleto de temas delicados en algunos de los cuales tendrán mucho que decir los magos de Phoenix.

El resto de la primera jornada se dirime anunciando oficialmente a los magos recién licenciados (entre los que se incluye Cornvald); nombrando a los Colentes Arcanorum, los cinco magos Bonisagus que se encargarán de recopilar los descubrimientos y hallazgos que hagan sus compañeros de Casa durante los próximos siete años; y proponiendo a los magos que podrían alcanzar el rango de magister, o maestros, por sus logros. Sólo se propone un nombre, pero basta para causar un revuelo en el Foro de Hermes: Tabanus de Guernicus.

La reacción por parte de Caecilius es inmediata: hace entrar al Foro a Vassily, el único superviviente de la facción Ex Miscellanea de Roznov, y al que el difunto Igor Rastvan ordenó acudir a Durenmar a denunciar a Tabanus si “la Orden” tomaba medidas contra él. Caecilius ha escuchado el caso de Vassily y ha decidido actuar como fiscal contra Tabanus, al que acusa de cometer un grave error de procedimiento convocando una Marcha de Magos de forma ilegal. El runrún con el que se cierra la primera jornada vaticina un segundo día de lo más movido…

Tribunal, Día 2: La situación en el norte

Toda la segunda jornada se dedica a analizar la situación en el convulsionado sector norte-nordeste del Tribunal: primero los magos de Heorot reconocen haber hecho escasos avances en sus investigaciones para detectar la presencia de la supuesta Orden de Odín cerca de Selandia, la isla donde habitan. Uno de sus miembros, Pancrestis, es algo más optimista y afirma estar en la pista buena para contactar con un vitkir, lo que él llama un “mago rúnico” de las leyendas escandinavas. Sin embargo, no hay nada en firme, lo que no parece sentar muy buen entre los mago del Tribunal, y en especial de Crintera, que intenta sin éxito promover la expulsión de Heorot del Tribunal. Por ahora se decide dar una nueva oportunidad al joven covenant.

Luego se repasa la expedición a Pomerania realizada cinco años atrás, que tuvo catastróficas consecuencias para algunos habitantes de la región y también para Phoenix. Es la declaración de los magos de Phoenix, junto con la de algunos otros testigos, la que por fin convence al Tribunal de que efectivamente había una amenaza en el este, amenaza que por ahora, pero sólo por ahora, parece contenida, que no eliminada ni controlada: el paradero desconocido de Gudrun, la bruja que parecía mover los hilos entre los multiformes de Pomerania, unido al sobrenatural frío que reina en el norte y los incidentes como los ocurridos durante los recientes disturbios de Stettin, donde se sospecha que participó algún usuario de magia no hermética, hace que el Tribunal siga observando la zona con cautela. Se recomienda a Phoenix que siga el rastro tanto de posibles multiformes hostiles como de ese mago que parecía capaz de manipular el clima. Caecilius promete ofrecer ayuda en forma de la colaboración de algún Hoplita, si es necesario.

Las conversaciones sobre la expedición a Pomerania salpican directamente a Crintera, covenant al cual se acusa de acudir a dicha expedición con sus propios objetivos y propósitos. Los magos Bjornaer de dicho covenant guardan un silencio bastante significativo, e incluso la defensa de Urgen de las “tradiciones ancestrales” presentes en la zona de Pomerania resulta algo menos feroz de lo habitual en él.

Tribunal, Día 3: La Marcha de Magos contra Igor Rastvan

En la tercera jornada se dirime uno de los puntos más polémicos de este Tribunal: la declaración de Tabanus de una Marcha de Magos contra Igor Rastvan de Roznov. Dicha Marcha de Magos acabó con la muerte de Rastvan y la disolución, a efectos prácticos, de la facción de Ex Miscellanea de Roznov. Tabanus se reafirma en su actuación, aduciendo que en su momento tenía lo que consideraba pruebas firmes del presunto diabolismo de Rastvan. Sus sospechas se confirmaron cuando la expedición armada que acudió a Roznov se topó con una ceremonia con sacrificios humanos en la cima del Monte Radhost. Luego los acontecimientos se escaparon a su control, pero Tabanus no se arrepiente de nada, aunque igualmente reconoce que por mucho que examinó los textos y elementos que había en el laboratorio de Rastvan no encontró pruebas fehacientes de diabolismo… sino solamente evidencias de que Rastvan era un hombre perturbado mentalmente, maquinador, déspota y muy probablemente sufriera alucinaciones en las que se imaginaba como una especie de profeta “elegido” por su deidad, Radegast.

Esa concesión de Tabanus es todo lo que necesita Caecilius para atacar al joven Quaesitor, acusándole de un error gravísimo de procedimiento: una Marcha de Magos debe anunciarse siempre en un Tribunal, y sólo en los casos más graves y urgentes puede un Quaesitor actuar por cuenta propia y declarar una Marcha fuera de un Tribunal. Puede que Tabanus actuara por cuenta propia, pero si realmente Rastvan no era un diabolista, actuó precipitadamente, y sus actos tuvieron consecuencias terribles. Además, como bien respalda Vassily, la magia de la tradición a la que pertenecían Rastvan y sus discípulos recibe buena parte de su poder de la sangre. Dado que el culto a Radegast, y los sacrificios humanos, estaban arraigados desde tiempos ancestrales, ¿por qué no aprovechar el poder que liberaban esos sacrificios?. “Si cosechamos el vis de las hadas, ¿por qué no vamos a poder hacerlo con los seres humanos?”, dice Vassily, en una frase que pone los pelos de punta a más de uno de los presentes.

Los bandos están bien claros, pero pronto se diferencian aún más. La insistencia del ancianísimo Caecilius por reprender a Tabanus parece casi irracional, y no pasa mucho tiempo antes de que todos los asistentes tengan claro que más allá de un castigo a Tabanus, se encuentran ante un enfrentamiento entre Caecilius y la sangre antigua del Tribunal y Tabanus y la sangre nueva del Rin. Tabanus representa la nueva generación de Quaesitoris en un Tribunal con muy escasa presencia Guernicus. Los mal pensados podrían pensar que Caecilius quiere eliminar a Tabanus del mapa si no fuera por su reputación como juez neutral… reputación que empieza a emborronarse a estas alturas.

El envite final de Caecilius provoca la indignación generalizada del Tribunal: propone que Tabanus sea castigado con una Marcha de Magos por sus errores. El mismísimo Stentorius de Fengheld se levanta en su estrado para acusar a Caecilius de demente senil, y por unos minutos el Tribunal entero se convierte en un gallinero. Una vez se calman los ánimos, se procede a la votación para determinar si Tabanus realmente merece ser expulsado de la Orden. El resultado es ajustadísimo: 62 magos (entre ellos casi todos los miembros de los domus magnus) votan contra Tabanus… y 64 votan a favor.

Tabanus seguirá siendo por ahora miembro de la Orden de Hermes, pero está claro que Caecilius insistirá en que se le castigue de alguna manera…

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Martillos rotos, osos bailarines… y más duendes
Donde los magos vuelven a visitar a su viejo amigo Nebelug

Los problemas de Martinas

Mientras en Biskupin la expedición liderada por Herman y Flavius trata de determinar cómo conseguir esa esquiva fuente de vis, en Phoenix el resto de magos no se encuentra ocioso, y se embarca en una pequeña peripecia de tintes faéricos. Todo empieza cuando Petar aborda a los magos acompañado de Martinas, el joven herrero que heredó su trabajo en Swinojuice cuando Petar se mudó a Phoenix.

Al parecer Martinas, que luce un aparatoso vendaje en un brazo, ha tenido una serie de extraños accidentes en su herrería en los últimos meses. En todos los casos los accidentes han sido provocados por herramientas que se rompían de forma inesperada. Tras un análisis rápido el motivo saltaba a la vista: lo que en principio parecían herramientas de herrero eran en realidad una especie de falsificaciones perfectas que parecían estar hechas de… arcilla.

Tras varios incidentes semejantes de los que Martinas no dijo nada por temor a que le tomaran por loco, decidió visitar a Petar y explicarle la situación. Este acude a los magos de Phoenix, y estos deciden tomar cartas en un asunto que pronto empieza a tener unos claros tintes faéricos. Los restos de las herramientas no parecían tener ningún efecto mágico activo, y la más reciente parecía haber sido creada apenas unos días atrás. Además, la contribución de los que mejor conocen el mundo faérico en Phoenix (Cormac y Cornvald) apunta a una teoría que podría justificar el robo de las herramientas por parte de algún duende que se pudiera alimentar del potencial creativo de esos objetos.

La última confirmación la aporta Giddilock: cuando le enseñan los fragmentos del martillo, el rubio fae señala, con su temor habitual, hacia el noroeste del bosque: se refiere sin duda al túmulo de Nebelug.

De inmediato los magos preparan una expedición para ver al Rey Enano Bajo la Colina, mientras Cünegunde, persona_ non grata_ en la corte subterránea, examina junto con Silvie la zona cercana a la cabaña de Martinas en Swinojuice. Allí, la menuda grog descubre pequeñas huellas cercanas de hace unos días, dejadas por algún tipo criatura con pezuñas.

Mientras tanto, el grueso de magos llega al Túmulo Faérico entre el frío que sigue azotando el bosque en este final de 1226. Tal vez debido a ese frío, la zona parece ligeramente diferente a las otras ocasiones en que la han visitado, y les llama la atención la presencia de unas esquivas criaturas semejantes a carneros antropomórficos que les espían e incluso parecen intentar ahuyentar a Ahmal cuando este se queda retrasado respecto al resto del grupo para intentar descubrirlas.

El grupo atraviesa los habituales niveles del regio de Nebelug: el claro, la colina con su camino de piedra hasta la puerta que no es puerta en su base, y la explanada subterránea vigilada por el incansable Fim Fam Fum, el roqueño spriggan que como siempre les cobra un pequeño peaje por pasar. El grupo, que en esta ocasión venía preparado, le regala una flor de cuarzo tallada por Cormac que no parece satisfacer del todo al spriggan. Les dejará pasar, pero a la salida deberán volver a pagarle algo… o bien ayudarle en una partida de dados que le está yendo bastante mal con otros spriggans.

El último nivel del regio alberga el enorme y lujoso salón del trono de Nebelug. En esta ocasión ni siquiera la segunda vista de Cormac le permite distinguir qué es real y qué no, de manera que todos avanzan por el pasillo alfombrado y flanqueado de deslumbrantes riquezas hasta llegar al trono del Rey Bajo la Montaña. Nebelug, con su expresión de tedio habitual, les da la bienvenida y sólo parece prestarles atención de verdad cuando Cormac le enseña la pintura que le regaló Laurentius, el bibliotecario. De inmediato el nibelungo hace traer viandas y alimentos mientras pregunta a los recién llegados el motivo de su visita.

El rey escucha la narración de los magos, que mediante insinuaciones dejan entrever que creen que alguien del reino de Nebelug es responsable de los robos, pero el propio enano no parece saber nada. Tras debatir un tanto al respecto, decide llamar a Orpee, uno de sus más preciados herreros. El tal Orpee, un duergar, raza enana subterránea famosa por su destreza maleando el metal, es un tipo jorobado y huraño, y niega saber nada sobre los robos, aunque reconoce los fragmentos de herramientas como propios. Entonces Orpee decide llamar a uno de sus ayudantes, un pequeño kobold llamado Chim que suele ser quien cuida las herramientas. La llegada del pequeño y nervioso personaje parece ser la clave de todo el asunto: aunque no reconoce nada abiertamente, parece que fue la pequeña criatura la responsable de los robos.

Llegados a este punto, Nebelug asegura que resolverá este asunto de su corte en privado, y pide disculpas a los magos, ofreciendo como compensación los restos de las herramientas de Orpee, que resultan tener vis de Terram. Y mientras los personajes abandonan la corte del Rey Enano con un asunto resuelto y algún punto de vis más, Orpee se lleva a Chim a rastras en una escena que pone un poco los pelos de punta.

Sólo falta solventar un último tema: la salida del regio de Nebelug. Fim Fam Fum ha vuelto a perder su partida, y pide ayuda a los magos para recuperar sus pérdidas, pues de lo contrario no les dejará salir. Dado que los personajes no tienen nada material que ofrecerle, Cornvald les ofrece en pago una canción con su zampoña, y Berstuk un baile úrsido al compás del Merinita. La promesa entusiasma a los jugadores, que de inmediato se ponen a jugar una apretada partida en la que también participa Hilda, la grog. Precisamente es ella la que gana la partida, recuperando la flor de cuarzo para Fim Fam Fum. A modo de celebración, Cornvald toca una melodía disonante y absurda, pero los bailes alocados de Berstuk en forma de oso y el canturreo de Hilda salvan la situación, que pronto se convierte en un alegre festín faérico del que los magos escurren el bulto rápidamente…

Resumen de 1226

Transcurridas algunas semanas en las que el grueso de la expedición de Biskupin vuelve a Phoenix, con Flavius preguntando cómo se procederá con Koshchey y con Frederick y Vlad quedándose en el pueblo de Cuyavia para negociar la exportación de cerveza a la zona de Stettin. Mientras tanto, en las últimas semanas de la temporada y el año tienen lugar varias novedades:

Investigaciones mágicas: Después de que Ahmal y Cünegunde investiguen dos de los objetos mágicos que languidecían desde hace años en la tesorería de Phoenix, sus descubrimientos son de lo más interesantes: por un lado, el bastón que les regalaron las brujas de Dankmar permite lanzar el hechizo Weaver’s Trap of Webs, que crea una red de telarañas duras como el hierro que inmovilizan a quien queda atrapado por ellas. Sin embargo, es un objeto con caducidad, cuyos efectos dejarán de estar activos siete años después de que el bastón sea utilizado por primera vez. Dado que aún nadie lo había empleado, su magia está activa por ahora…

El Guante de Hefestos que investiga Ahmal también resulta interesante: protege al portador del fuego mundano e incluso de los fuegos mágicos menos poderosos, granjeando una bonificación de +15 al daño causado por cualquier fuego. Su efecto es constante.

Logística de final de año: 1226 termina con las arcas de Phoenix algo más llenas que al principio, pero únicamente gracias al oro mágico que ponen en circulación y a las dotes de libras de plata que les proporcionan Durenmar y Fengheld. Las que se supone principales fuentes de ingresos del covenant, la ganadería y la pesca, siguen languideciendo ante la afluencia cada vez más escasa de trabajadores. Tal vez haya que intervenir definitivamente contra Edwin de Mecklenburg

Además, la edad y quién sabe si el frío empiezan a cobrarse un precio en algunos habitantes del covenant: Laurentius y Frederick ganan alguna arruga más e incluso el siempre juvenil Giddilock parece sufrir algo más los rigores de los años y las inclemencias del tiempo. Con más de 100 libras en la tesorería de Phoenix, tal vez sea el momento de mejorar un poco las condiciones de vida de los habitantes del covenant, sobre todo si las inclemencias del tiempo se mantienen…

Los hechizos de Fengheld: Tras una larga y exhaustiva conversación, la selección de hechizos que se piden a Fengheld es la siguiente:

Conjuring the Mystic Tower (CrTe 35)
Watching Ward (ReVi 25)
Cheating the Reaper (CrCo 30)
Peering into the Mortal Mind (InMe 30)
Sap the Griffin’s Strength (PeVi 20)
Repel the Wooden Shafts (10)
Maintaining the Demanding Spell (ReVi 25)
Circling Winds of Protection (CrAu 20)
The Severed Limb Made Whole (CrCo 25)

El total de niveles hechizos es de 220, pero también se pide a Fengheld, aunque no esté en la lista, el hechizo Wizard’s Communion, con la esperanza de que el covenant lo tenga disponible.

Una vez realizadas las gestiones, el año 1227 empieza igual de frío que terminó el anterior, con Berstuk y Cornvald partiendo hacia Crintera, domus magnus de la Casa Bjornaer, y el resto de habitantes de Phoenix apurando su última temporada antes de emprender el viaje hacia el inminente Tribunal del Rin, que se celebrará en mayo.

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Cerveza y duendes
Donde los magos buscan una fuente de vis y encuentran un nuevo mago...

Primer viaje a Biskupin

En pleno verano de 1226, una expedición formada por Cormac, Herman y Flavius parte acompañada de algunos grogs en dirección a Cuyavia, la región polaca donde según el Bonisagus experto en Aquam de Phoenix existen rumores sobre cursos de agua de una pureza indescriptible que podrían tener propiedades mágicas.

Tras tres semanas de viaje el grupo llega a la región en cuestión, y más concretamente a Biskupin, un pequeño pueblo junto a uno de los ríos en cuestión, cuya principal industria es la excepcional cerveza que se hace con las aguas claras del río al pasar por el pueblo. La espléndida cerveza es motivo de alegría para los grogs (y para Herman), que alegremente se entregan a trasegar una jarra tras otra, para desesperación de Cormac. Entre borrachera y borrachera, y antes de emprender búsquedas más esotéricas, surge la posibilidad de establecer algún tipo de acuerdo comercial con los habitantes del pueblo para exportar la cerveza a Stettin e intentar sacar algún beneficio monetario para Phoenix.

Al día siguiente, una vez se han superado las respectivas resacas, el grupo emprende camino montaña arriba, en busca de las fuentes del río. A algo más de una hora de camino del pueblo encuentran unos rápidos junto a los cuales destaca un saliente rocoso en el que hay grabada una especie de extraña runa que hace referencia al agua como líquido elemental de propiedades esotéricas. Tras realizar varias comprobaciones, determinan que pese a todo, el agua al pasar por los rápidos es sólo excepcionalmente pura, pero no contiene vis.

Los magos vuelven a bajar al pueblo. Allí, a través de Vlad el Ruso, el único que conoce el lenguaje local, descubren que el río siempre tiene las aguas con este nivel de pureza salvo una única noche al año: el 31 de octubre. En el pueblo se paraliza la producción de cerveza durante esos días, dado que entonces las aguas del río bajan turbias y no producen buena cerveza. El culpable de ello, parece, es un tal “Koshchey”, del que no logran descubrir ningún detalle más dado que en el pueblo le temen, sea quien sea. Los magos deciden regresar por ahora a Phoenix, dejando a Vlad de retén por si descubriera algo.

La llegada de Cornvald

Al regreso del grupo a Phoenix, se encuentran con una visita sorpresa: la de Cornvald de Merinita, recién licenciado en Irencilia, y peregrinator del Tribunal. Cornvald solicita pasar un tiempo en Phoenix estudiando, previo pago de una cantidad determinada de vis. Los magos residentes aceptan, no sin antes avisarle de que Phoenix es un covenant que en su breve existencia ha sufrido ya unos cuantos ataques hostiles. Sin embargo, Cornvald parece decidido a quedarse, en especial cuando se le comenta la abundante presencia feérica en la zona.

La visita de Mario

Poco después del verano, Mario de Mercere hace su habitual visita a Phoenix. Trae consigo la confirmación de que Fengheld añadirá una dote de 20 libras de plata anuales al acuerdo por el portal, y también un listado de los hechizos que pueden copiarse de su biblioteca. También trae una carta de un tal Transitium de Génova, un renombrado mago Mercere que se ha enterado de que buscaban alguien capaz de abrir un portal permanente, y que se presta voluntario a cambio de una serie de condiciones. Dado que Phoenix ya ha firmado un acuerdo con Fengheld para renunciar a la creación del portal, parece que la carta de Transitium ha llegado demasiado tarde…

Segundo viaje a Biskupin

A mediados de octubre un pequeño grupo parte de nuevo hacia Biskupin. Son los mismos integrantes que la primera ocasión, salvo Cormac, que decide no tener que pelearse de nuevo con borrachos, y con Frederick, que intentará establecer vínculos comerciales con los productores de cerveza locales. Al llegar allí descubren que Vlad no sólo no ha descubierto nada nuevo, sino que además se ha granjeado una fama bastante negativa en el pueblo.

La noche del 31 de octubre el grupo asciende de nuevo hasta los rápidos del río. Allí pronto se levanta una espesa niebla de la cual, a la medianoche, surge una escalofriante figura: parece un hombre envuelto en un grueso manto, encapuchado, que tira de las bridas de un siniestro y macilento caballo con algas por crines, probablemente un Kelpie de las leyendas faéricas. Tras unos momentos de tensa calma, el grupo decide alejarse y dejarle hacer.

El personaje, sin duda el tal “Koshchey” del que hablan en el pueblo, se sienta en el saliente y murmurando una especie de letanía incomprensible, empieza a recoger agua, presumiblemente el vis, antes de partir de nuevo colina arriba entre la niebla. El grupo le sigue sin saber muy bien qué hacer hasta que, llegados a la cima del risco, Herman decide intentar hacerle caer del caballo mediante un hechizo. El conjuro parece tener éxito en un primer momento, pero entonces Koshchey se gira para mirar al Flambeau, causándole un extraño mareo que cancela el conjuro. Acto seguido el siniestro personaje murmura algo más y sus brazos se convierten en dos enormes y horrendas alas de murciélago con las cuales sale volando hacia el cielo, perdiéndose en la lejanía…

El grupo se queda allí en plena noche preguntándose quién es Koshchey y, sobre todo, cómo conseguir ese vis…

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