La Saga de Phoenix

El infierno helado de Jomsborg
Donde los magos de Phoenix están a punto de sucumbir

Tras el inesperado regreso a Phoenix de Herman, y tras una larga planificación, los magos parten por fin en dirección a Jomsborg, dispuestos a atacar de una vez por todas a sus enemigas en su propia morada. Con una buena provisión de grogs y la compañía de Pancrestis, uno de los magos de Heorot, la expedición parte en dos grupos: uno, el más grueso, que avanzará por mar, y otro, formado por Cormac y Ahmal, que irá por el aire.

Un camino plagado de obstáculos

Tjorvi.jpg

Pero por desgracia, pronto resulta evidente que los Muspelli son conscientes del acercamiento de los magos: cuando la embarcación atraviesa el estrecho canal que separa las islas de Usedom y Wolin, muy cerca de su destino, una terrible tormenta azota la barcaza, que zozobra convertida en un guiñapo al capricho de los elementos. Para acabar de arreglar las cosas, una lejana embarcación que se acerca desde el norte resulta estar tripulada por más de esos fétidos no-muertos, dispuestos a atacar a distancia a los náufragos que sobrevivan al hundimiento de la barca. Y cuando parecía que la situación no podía empeorar, lo hace: algo o alguien está arrastrando a las profundidades del canal a los hombres que caen al agua desde la embarcación. La valerosa actuación de Kersnik, que se lanza a las profundidades del canal para intentar rescatar a sus grogs, permite confirmar que esa criatura no es otro que Tjorvi, el gigante escamoso Muspelli.

Los magos aguantan este primer envite, pero pagan un elevado precio: el bravo Bjorn fallece en las profundidades del canal, ahogado y golpeado hasta morir por el bestial Tjorvi, y Richard, uno de los capitanes, sufre tan graves heridas que está entre la vida y la muerte. Los magos se quedan también sin embarcación y sin víveres en una tierra extraña. La situación es delicada.

Sin embargo, no cejan en su empeño, y al día siguiente, dejando a Richard protegido, emprenden el viaje por tierra hacia el norte de Wolin, donde aguarda Jomsborg. Pero los Muspelli tienen preparada otra sorpresa para los personajes: a mitad de camino por el agreste y frondoso bosque que cubre la parte occidental de la isla, una repentina ventisca de nieve y hielo descarga sobre los viajeros. La tormenta, a todas luces de origen sobrenatural, resulta devastadora para quienes no están protegidos por la Parma Magica hermética: todos los mundanos empiezan a sufrir pronto terribles congelaciones, y solo una solución de emergencia, erigiendo mágicamente una cabaña de madera en medio del bosque, evita la muerte de varios de ellos. Pero Jomsborg está aún lejos: está claro que muy pocos mundanos podrán llegar allí bajo esa ventisca. Por lo tanto, tras deliberar largo y tendido sobre el tema, el grupo decide continuar con la incursión, pero únicamente lo harán los magos herméticos y el bravo Ragnar, cuya sobrenatural resistencia le permite aguantar las inclemencias del tiempo mejor que los demás.

La batalla de Jomsborg

Tras un penoso avance que se hace eterno, la ventisca se convierte en un torrencial chubasco en las cercanías de Jomsborg, una fortaleza tétrica sumida en una bruma sobrenatural. Decididos, los magos se hacen invisibles y se lanzan al ataque. Ahí es donde empieza la auténtica pesadilla: la fortaleza está habitada por todo tipo de criaturas sobrenaturales que suponen un formidable reto incluso para un mago hermético. Criaturas no-muertas, lobos salvajes encabezados por una monstruosidad negra de quijadas babeantes, el propio Tjorvi, empuñando un formidable garrote y lanzando su magia a partir de un terrible caldero de hierro… incluyendo un aterrador relámpago caído desde los cielos que fulmina a Ragnar, dejándolo al borde de la muerte.

La batalla es cruenta y demoledora. Herman pierde un ojo al recibir un flechazo casi letal desde unas almenas. Kersnik es derribado por un oso salvaje que, como luego averiguará, no es sino Gudrun transformada, quien parece tenerle un rencor especial. Para colmo de desgracias, Ahmal cae bajo el influjo mental de la pérfida Gunnvara, y se vuelve contra sus propios hermanos de orden, cancelando todas las invisibilidades y atacando a quienes hasta hace poco eran sus compañeros.

Cuando todo parece perdido, solo la providencial determinación y ubicuidad de Cormac, la temerosa constancia de Pancrestis y la formidable tenacidad de un Herman que sigue haciendo llover fuego y destrucción sobre sus enemigos cuando ya casi no se tiene en pie, consiguen que la batalla caiga del lado hermético. Agotados, heridos y maltrechos, los magos no pueden evitar que las dos brujas supervivientes, Gunnvara y Gudrun, escapen de la fortaleza, alejándose en barca con Ahmal lejos de la vista de los atacantes.

Magia y hechizos a distancia

Una vez tomado el control de Jomsborg, los magos hacen balance de daños. Su situación raya lo desesperado: muchos de ellos no pueden casi ni moverse por sus graves heridas, no saben dónde está Ahmal y no tienen comida. Conscientes de que no pueden confiar en su amigo Tremere, urden un plan para atacarle a distancia gracias a una conexión arcana que tienen con él, y también a una de las brujas cuya almohada utilizarán también como conexión. Al alba del día siguiente se produce un intercambio de magia lanzada a distancia, pues las brujas también parecen tener una conexión con Kersnik, que sufre (y sufrirá durante todo el día) sus ataques. Tras un breve y cruento intercambio de hechizos, las brujas se dan cuenta de que Ahmal es ahora mismo una rémora para ellas, y le dejan “libre”… pero con un misterioso efectivo activo mental que hace que sus compañeros desconfíen de él cuando lo encuentran, varias horas después, vagando por el bosque cercano a Jomsborg.

La paranoia invade a los magos. ¿Pueden confiar en Ahmal? ¿Por qué Kersnik ha quedado ciego de repente? Por unas horas la inquietud reina en el grupo. Pero la aparente libre voluntad de Ahmal, y el hecho de que no vuelvan a recibir nuevos ataques lejanos de sus enemigas hace que una vez reunidos todos los supervivientes, puedan trazar un plan para volver a casa, puesto que parece imposible salir en persecución de las brujas en el estado en el que están.

Decisiones y regresos

La prioridad para los magos es volver a la protección del Aegis para ver si permite cancelar, aunque sea temporalmente, el encantamiento que yace sobre Ahmal. El Aegis protegerá también sin duda a Kersnik de cualquier ataque que pueda sufrir. Durante los siguientes días algunos de los grogs consiguen convencer a un pescador de un poblado cercano para que transporte a algunos miembros de la expedición de vuelta a Stettin. En ese tiempo también tiene ocasión de explorar Jomsborg, donde encuentran algo de vis y algunos artefactos, en especial una manta con unas extrañas runas bordadas y un perturbador tapiz que parece representar un bosque y que parece rielar extrañamente mientras alguien lo contempla. Los magos deciden llevarse ese tapiz para investigarl, ya que son incapaces de mover el caldero de Tjorvi, que también les gustaría investigar.

La manta se la llevará Pancrestis, que se despide de los magos de Phoenix antes de partir de regreso a su covenant. Parece que pronto todos podrán disfrutar de un merecido descanso…

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Emboscadas, preparativos y disputas
Donde los magos siguen ultimando su ataque sobre Jomsborg

Preparativos y sorpresas

Mientras van pasando los días, los magos de Phoenix van preparando su expedición a Jomsborg planeada para septiembre: se realizan varios viajes a Stettin para inutilizar la embarcación del sospechoso Snorri, y el recién llegado Hieronimus por fin demuestra su valía, creando una serie de preparados que refuerzan la curación de los numerosos grogs heridos.

También regresa Ahmal de su viaje a Fengheld, adonde había acudido a preparar un argumento por si la justicia hermética cae sobre Phoenix tras sus recientes desmanes en Stettin. Allí, en Fengheld, le han ofrecido los servicios de un abogado si realmente se da el caso de que sean llevados a juicio: se trata de un viejo conocido, Horst, el respetable Gorra Roja que lideró la expedición a Pomerania realizada años atrás, y que acabó abandonando con cajas destempladas. A cambio de los servicios de Horst, Fengheld pide (a través de Stentorius) un pago de 10 peones del vis dedicado de Rego/Aquam de Phoenix, y el propio Horst también pedirá un pago en forma de servicio a su casa, bien un objeto, bien la ayuda de Phoenix en una investigación relativa a los Mercere.

Un perturbador incidente interrumpe estos preparativos cuando llega noticia desde Stettin de que otro pescador ha desaparecido, al parecer en plena noche y en circunstancias misteriosas. Tras acudir allí a toda prisa, Cormac descubre que el desaparecido, de nombre Milos, podría haber sido raptado por sus misteriosos enemigos: su embarcación está cubierta de una sospechosa y gruesa capa de hielo. Sus temores se confirman cuando, algunos días después, el pescador reaparece de la forma más siniestra posible: sorprende a uno de los chavales que usa Vlad para vigilar el puerto y lanza un mensaje de “su señora”, con toda probabilidad Gunnvara, hacia Phoenix. En dicho mensaje, repetido de memoria por el aterrado muchacho, Gunnvara cita “al oso o al búho” (Kersnik o Cormac) en la siguiente noche de luna llena, el 17 de agosto, en las ruinas de un viejo fuerte de la isla de Wollin.

La cita con Gunnvara

Gunnvara.jpgLos magos debaten largo y tendido qué hacer. Al final, es Ahmal quien decide acudir a la cita, con la esperanza de que las intenciones de las brujas sean pacíficas. Le llevará hasta allí Snorri, que conoce el camino, y les acompaña Ragnar, el gigantón noruego, que parece odiar a muerte a esas brujas, tal vez por su origen. Por desgracia, las esperanzas de Ahmal son vanas: al llegar a su destino, envuelto en una niebla impenetrable, les rodea una manada de lobos que les guía hasta unas ruinas cercanas. Allí, Ahmal tiene oportunidad de conocer por fin en persona a Gunnvara. Es una grácil joven dotada de una hermosura deslumbrante, con una melena de cabello rubio lacio, una tez de marfil y unos ojos azules como el cielo. Sin embargo, Ahmal sufre una extraña visión al contemplar a Gunnvara, y bajo ese semblante tan bello, atisba la que podría ser su auténtica forma: la de una vieja decrépita y arrugada, de pelo gris enmarañado y mirada igual de azul… pero mucho más venenosa.

Ahmal descubre entonces el auténtico motivo de la irrupción de las brujas en la vida de Phoenix: parece que han descubierto que los magos herméticos pueden prolongar artificialmente la vida de una persona mediante rituales de longevidad… y Gunnvara quiere beneficiarse de uno de ellos. Ahmal intenta darle largas para ganar tiempo, pero la paciencia no parece una de las virtudes de la bruja, que parece ejercer sus poderes de control mental sobre Ragnar para que este capture a Ahmal.

Se sucede un feroz combate en el que los dos visitantes contemplan aterrados cómo la bruja se convierte en una gigantesca monstruosidad, una figura de casi cuatro metros de estatura cuya belleza es tan terrible que casi da pavor mirarla. Sus manos se han convertido en afiladas garras de las que gotea un veneno de aspecto tóxico, y además la bruja parece pronunciar encantamientos en un idioma desconocido. Mientras tanto, los lobos, que parecen responder a los graznidos de unos cuervos perdidos en lo alto de las ruinas, se han lanzado sobre Ragnar, que corre el riesgo de morir despedazado.

Tras muchos esfuerzos, Ahmal y Ragnar consiguen escapar de la emboscada y vagan en la niebla durante un tiempo, hasta encontrar la playa no muy lejos del lugar donde deberá recogerles Snorri en unas horas. Pero las sorpresas aún no han terminado: al día siguiente, cuando Ahmal se adelanta al lugar del encuentro con Snorri, se encuentra con un encuentro desagradable: el barquero ha acudido acompañado por dos criaturas nauseabundas, dos cadáveres andantes armados que se lanzan sobre Ahmal. El Tremere logra desintegrar a uno de ellos con un hechizo, pero el otro resulta demasiado para él y pronto recibe dos tremendos golpes que acaban incapacitándole.

Solo la providencial intervención de Ragnar, que ha acudido a nado a toda velocidad a la escena y derriba a la abominación, salva la vida de Ahmal. Sin embargo, los dos han quedado enormemente maltrechos y emprenden de inmediato el regreso a Phoenix, acompañados por un Snorri atormentado por los actos que comete contra su voluntad.

Lamiendo las heridas

La herida de Ahmal es el último de una larga lista de inconvenientes que impiden lanzar la incursión a Jomsborg cuando estaba prevista, a mediados del mes de septiembre. Los magos deciden aplazarla hasta octubre mientras deciden exactamente el plan de acción, conscientes de que demorar aún más el viaje podría resultar fatal.

Las posteriores sermanas se van desgranando con lentitud exasperante. Solo algunos fogonazos interrumpen el serio ambiente en Phoenix: la visita de Mario, el Gorra Roja, trayendo los pergaminos que habían acordado que se enviarían desde Fengheld, es una de ellas. La otra, una visita de Albrecht, el grog que dejaron al servicio del Duque Barnim en Stettin, que trae una noticia algo más perturbadora: pocas noches atrás, el palacio sufrió la infiltración de un intruso sigiloso y armado, que se enfrentó con la guardia que defendía los aposentos del joven duque. Fueron necesarios varios guardias para derribarle. Al caer, el intruso se convirtió en una fétida e inmunda criatura, similar sin duda a las que se enfrentaron a Ahmal y Ragnar en la isla, y que fue hecha quemar de inmediato por la duquesa Miroslawa. La propia Miroslawa ha enviado a Albrecht a Phoenix para “sugerir” a los magos que se den prisa a la hora de resolver el asunto de las brujas.

La tensión se puede palpar con un cuchillo. Entonces, a mediados de septiembre, hay una visita inesperada que lo cambia todo: Herman ha vuelto a Phoenix.

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Jomsborg y los muspelli
Donde los magos por fin descubren cosas sobre sus gélidos enemigos

Ni el sobrenatural frío que azota la región en pleno verano de 1228 ni la escasez de efectivos frena a los pocos magos que están en Phoenix por esas fechas. Conscientes de que tienen un enemigo en paradero cercano pero desconocido, Cormac, Kersnik y Flavius deciden tomar cartas definitivamente en el asunto para descubrir de una vez por todas dónde está Jomsborg.

Con ese propósito, someten a un brutal interrogatorio a un Karl que, maniatado e indefenso, se ve escrutado durante largos periodos de tiempo por Kersnik. El pestilente mago Bjornaer parece contemplar la mismísima alma del bribón, buscando respuestas a sus preguntas. Como ocurriera en el interrogatorio con Mikäl, la escena se ve salpicada constantemente por extraños sonidos musicales que sacan de quicio a Karl, al que pronto devuelven a su cama en los barracones, exhausto.

En busca de Jomsborg

Sin embargo, el esfuerzo ha merecido la pena: los magos descubren que el plan de Karl, en el caso de conseguir las conexiones arcanas, era reunirse con un pescador en Stettin y regresar con él a Jomsborg. Ese pescador, de nombre Snorri, es el último hilo que les queda por seguir a los desesperados magos herméticos, que trazan un audaz plan: usando sus habilidades mágicas, entre Kersnik y Cormac convierten al primero en un doble de Karl. La ilusión es tan perfecta que ni el propio Karl sería capaz de encontrar diferencias. De esa guisa, Kersnik parte hacia Stettin, seguido de lejos por Cormac en forma de búho. Allí, el Bjornaer recupera las conexiones falsas que dejara Karl en su momento y entabla contacto con Snorri, que resulta ser un anciano y escuálido pescador que vive en el puerto de Stettin y que reconoce a Karl de inmediato.

Los dos, seguidos de Cormac a vuelo de pájaro, emprenden el viaje a Jomsborg. Por fin, los magos podrán descubrir dónde moran sus misteriosos enemigos. La fortaleza está sorprendentemente cerca: apenas a un día y medio de viaje en barco al nordeste de Stettin, en la isla de Wollin. Por desgracia, la resolución del plan no está tan concretada como su planetamiento, y la única forma que tienen de neutralizar a Snorri es durmiéndolo mágicamente antes de acercarse demasiado a Jomsborg.

A partir de ese punto, es Cormac quien cubre el último tramo de viaje y, por fin, descubre Jomsborg. Pronto confirma que se trata de un lugar de pesadilla donde solo los más valientes y los más preparados querrán adentrarse. Tal y como le explicará más tarde a Kersnik:

–He encontrado la fortaleza y puedo decirte que es sin lugar a dudas el lugar más siniestro que he visto jamás… quizás sólo comparable a aquel maldito bosque en Pomerania donde estuvimos hace ya años. La fortaleza está envuelta en una densa bruma que se me antoja debe ser mágica. Está en bastante mal estado de conservación pero sin duda habitada. He visto alguna antorcha encendida por una ventana y una cocina equipada y claramente en uso. Hay dos lánguidas torres con ventanas cerradas a cal y canto, una ruinosa muralla y un patio invadido por la vegetación. Pero lo más perturbador no es eso… lo peor es la clase de criaturas que protegen y vigilan el lugar. He visto alrededor de una decena de zombis ataviados con armas y armaduras vigilando la muralla en sus maltrechas almenas y en el patio interior, tras una gruesa verja, hay una manada de fieros lobos cuyo monstruoso líder tiene el tamaño de un caballo. Aparte de eso, una de las torres, al nordeste, tiene una robusta puerta de metal y al oeste hay un pequeño embarcadero con una barcaza no muy diferente a la de nuestro amigo Snorri. No he conseguido ver a ningún humano… vivo.

Una vez determinada al fin la situación de la fortaleza, los magos regresan a Phoenix con un pequeño asunto incómodo entre manos: qué hacer con el barquero, Snorri. Convencidos de que en realidad está atemorizado por las terribles brujas del norte, se llevan a Phoenix al anciano marinero, que está al límite de su resistencia mental. Le tratan de convencer de que se quede para protegerle, pero el anciano reacciona con tensión al Don y a lo complejo de la situación. Sin embargo, no parece tener mucho remedio y acepta la “protección” del covenant. Un rápido viaje a Stettin para inutilizar la embarcación del barquero elimina cualquier posible fuga… por ahora.

¿Los… muspelli?

Pancrestis.jpgFinalmente, el 10 de julio, cuando los magos todavía están decidiendo qué hacer con los detalles recién descubiertos de Jomsborg, reciben una visita inesperada: Pancrestis, el Bonisagus de Heorot, ha acudido a toda prisa al covenant al recibir la carta en la que los magos hablaban de la posible presencia de la Orden de Odín en las cercanías de Stettin. Aunque Pancrestis no es un gran mago, sus conocimientos sobre las tradiciones mágicas del norte puede resultar útil para esclarecer un poco todo este asunto.

Tras escuchar el relato de todo lo ocurrido en los últimos meses en las cercanías de Phoenix, Pancrestis medita profundamente y da una respuesta que confirma las peores expectativas de los magos:

–A diferencia de otros miembros de nuestra Orden, que creen firmemente que existe una Orden de Odín organizada y decidida a plantarnos cara, las pruebas que he encontrado en los últimos años me hacen pensar más bien que, al igual que ocurre en las tierras que conocemos, en el frío norte existe más de una tradición mágica. Que estén organizadas o no, cuáles sean sus intenciones y auténticos poderes y su opinión sobre nosotros, si nos conocen… queda fuera de mis conocimientos. Pero hablar de la “Orden de Odín” para englobarlos a todos me parece un error. Durante mis estudios he encontrado evidencias de algunas de esas tradiciones. La más abundante es la que utiliza la magia rúnica para obtener su poder. Sin duda son los herederos de los brujos rúnicos que se enfrentaron a nuestros ancestros durante las invasiones vikingas de hace dos siglos, pero no estoy seguro de que sus ánimos sean necesariamente hostiles. Incluso conozco su nombre: son los vitkir. Por lo que sé son magos que en algunos casos están aceptados por la sociedad nórdica, de manera que no siempre tendrán el Don, pero son capaces de realizar una magia casi tan versátil como la hermética, siempre basada en las runas.

–Creo que podemos descartar a los vitkir como los causantes de vuestros problemas. El hecho de que no hayáis visto ninguna runa nórdica en ningún momento les descarta. Pero también he oído otras historias. Historias que cuentan por las noches en el frío norte para atemorizar a los niños, relatos aún más misteriosos… y mucho más siniestros. En ellos se habla de brujos y hechiceros renegados y paganos, con poderes terribles y aliados aterradores, entre los que se incluyen gigantes descomunales y salvajes, animales feroces y todo tipo de monstruosidades. Brujos que pueden dominar el clima a su antojo, convocando tormentas y ventiscas capaces de matar a un hombre. Que pueden azotar con las plagas más abominables a poblaciones enteras si no se les complace. Si esos terribles relatos son ciertos, esos brujos ni siquiera adoran a los dioses paganos del norte, a Odín, Thor o Freya. No, son adoradores de los gigantes de las leyendas escandinavas y de sus aliados, de los auténticos enemigos de los dioses: Surtur, Gymir, Fenris el Lobo… y por encima de todos ellos, la personificación de la malicia y la perversión, el mismísimo Loki. Puede que solo sean cuentos para viejas, y así lo consideraba yo hasta ahora. Pero si no lo son, esos brujos, a los que se conoce como los muspelli, tienen un único objetivo: provocar el Ragnarok, el fin del mundo tal y como lo conocemos, y de paso, sumirlo todo en un manto de nieves eternas.*

Está a claro que nuestros héroes se enfrentan a un enemigo formidable. Deciden preparar de inmediato una expedición para atacar Jomsborg, pero les faltan efectivos. ¿Qué hacer? Por de pronto, deciden esperar unas semanas para ver si alguno de los magos ausentes regresa, Hermes mediante…

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La Diáspora de Phoenix
Donde ocurren muchas cosas y el covenant está medio vacío

En los días finales de junio se produce una auténtica diáspora en el covenant de Phoenix, que en varias ocasiones se queda casi vacío. Con Herman y Cünegunde en paradero desconocido, el resto de magos trazan un plan para engañar a Karl e intentar que les guíe hasta la fortaleza de Jömsborg. Preparan un par de conexiones arcanas falsas y dejan escapar a su prisionero, que acompañado de su novia, Daphne, regresa a toda prisa a Stettin seguido por Ahmal y Cormac invisibles. Una vez allí, Karl deja a su novia en el palacio de la ciudad y las presuntas conexiones arcanas en casa de un contacto y, para sorpresa de sus perseguidores, no emprende el camino hacia Jömsborg sino que vuelve hacia el covenant con propósitos desconocidos. Decepcionados y furiosos, los dos magos herméticos interceptan a Karl y vuelven a tomarle prisionero.

Mientras tanto, Kersnik acude en ayuda de la Abadía de Broda. Allí, el Padre Miguel está preocupado por el paradero de uno de sus monjes, el Hermano Tadeo, al que envió a la cercana población de Greifswald para investigar la veracidad de los rumores que hablaban de las propiedades milagrosas de la comida servida en el establecimiento conocido como La Parrilla. Kersnik se ofrece para viajar hasta allí para investigar el asunto, encontrándose con una sorpresa enormemente desagradable: tras unos días de investigación, el Bjornaer localiza al joven Tadeo en un hospedaje apartado, encerrado en su habitación y en un estado deplorable: demacrado, sucio y harapiento, y con expresión atormentada, parece realizar extraños rituales de aspecto impío sobre una parrilla que está colocada en el suelo. Kersnik continúa su vigilancia pero pierde de vista a Tadeo por unas horas. Más tarde, una nueva figura, un hombre vestido con un hábito sucio y roto, con aspecto lejanamente parecido a un monje pero con un algo más perturbador, aparece en el hospedaje, limpiando cualquier resto de la presencia de Tadeo.

En esta ocasión Kersnik no duda y sigue al extraño en plena noche, hasta un callejón oscuro, donde los dos tienen un intercambio dialéctico. El hombre dice llamarse Ambrosius y se presenta como alguien preocupado por el bienestar de Tadeo, al que define como un joven dominado por sus bajas pasiones y atormentado por demonios que no existen. Aunque el hombre parece sincero, Kersnik no parece confiar del todo en él, y con razón: cuando los ánimos empiezan a caldearse aparece la auténtica naturaleza de Ambrosius, que en un santiamén se desvanece en medio del callejón en una nube de azufre, mientras sus siniestras carcajadas resuenan en los oídos del aterrado mago Bjornaer.

Horas más tarde, Kersnik localiza el destrozado cuerpo de Tadeo al pie de los acantilados cercanos a Greifswald. Lo recoge y lo lleva a la Abadía de Broda, dando la terrible noticia a un Padre Miguel que queda desconsolado al enterarse de la muerte de uno de sus monjes. Tras limpiar lo posible el maltrecho cuerpo de Tadeo y darle cristiana sepultura, Kersnik vuelve a Phoenix, de donde se ha marchado hace escasos días Ahmal, que viajará a Fengheld para buscar protección legal por si la Orden de Hermes se entera de los hechos ocurridos en Stettin hace algo más de un mes y toma medidas contra Phoenix.

Todo parecen malas noticias para los jóvenes magos durante estas semanas. A la llegada de Kersnik, él, Cormac y Flavius, los únicos magos herméticos presentes entonces, se reúnen en la cocina de Maruzca mientras se preguntan qué hacer con todos los frentes que tienen abiertos…

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El regreso de Karl
Donde reaparece un viejo amigo... levemente cambiado

karl.jpgEl destino no parece querer dar ni un solo descanso a los magos de Phoenix: apenas unos días después del regreso de Stettin y la visita de Ahmal al Padre Miguel, y una vez confirmadas que las pesquisas de Frederick y Bjorn en la ciudad no han servido para averiguar nada nuevo sobre la misteriosa fortaleza de Jomsborg, el 19 de junio de 1228 se produce una nueva vuelta de tuerca en los acontecimientos: cuando nadie lo esperaba, Karl vuelve a aparecer en las puertas de Phoenix… más de un mes después de haber sido capturado por los daneses.

El joven pícaro, visiblemente más delgado y macilento, sostiene no recordar nada sobre lo ocurrido en el último mes a partir del momento en que fue capturado en Stettin e interrogado por una extraña mujer. Sin embargo, los magos de Phoenix desconfían de su versión de los hechos, y descubren que el recién llegado está bajo los efectos de un encantamiento de origen desconocido. Gracias de nuevo a la magia mental de Kersnik, también descubren que no todo lo que dice es verdad, pero no les queda claro si esas mentiras son causadas por algún control mental o las dice el propio Karl.

Tras inmovilizarle (a la fuerza), los magos recurren a Perfectus Apollo, quien, como siempre cuando está en juego la integridad del covenant, hace gala de su displicencia habitual pero a cambio de una promesa de uso de vis en el futuro, accede a investigar mentalmente a Karl con mayor profundidad. Los descubrimientos no pueden ser más perturbadores: Karl ha sido enviado por una misteriosa mujer para reunir conexiones arcanas de algunos de los magos de Phoenix para luego volver a reunirse con esa mujer, con toda probabilidad, en la misteriosa fortaleza de Jomsborg.

Apelaciones eclesiásticas

De inmediato Karl es inmovilizado y puesto bajo vigilancia mientras el resto de magos deciden cómo resolver este problema. Pero no tienen tiempo para pensarlo mucho: al día siguiente el Padre Miguel, de regreso desde Stettin hacia la Abadía de Broda, hace una rápida parada en el covenant para darles más malas noticias: el Padre Cadmius sigue furioso y ya ha enviado una apelación a la sede del obispado, en Cammin, para que se excomulgue a los brujos de Phoenix y se convoque una cruzada que libere todo el Báltico de la presencia pagana.

La única opción que tienen los magos de evitar tan funestos presagios es presentar un recurso contra la alegación de Cadmius. Todas las mentes académicas del covenant se ponen manos a la obra, una vez asegurada la colaboración también del Padre Miguel. Este, a cambio, solo pide la ayuda de Phoenix en la investigación de la desaparición del Hermano Tadeo, uno de los miembros de su comunidad, que hace unos días que está en paradero desconocido.

Durante los siguientes días los magos y demás miembros de Phoenix buscan hasta debajo de las piedras cualquier posible apoyo para dicho recurso. Por desgracia, a los magos no les sobran aliados en los estamentos nobiliarios y eclesiásticos. Por fin, con la apelación del Padre Miguel debidamente aderezada con un argumento lógico escrito por Phoenix, una pequeña pero bonita cruz de oro con joyas engastadas (las que había en la tesorería del covenant) creada por Petar y la promesa de una donación de 15 libras, más 5 libras más durante los cinco próximos años para el obispado de Cammin, los magos esperan que sea suficiente para evitar que el obispo decida hacer caso de Cadmius.

Lo que les deja el problema de Karl por resolver, mientras Ahmal acude literalmente volando a Fengheld para buscar ayuda legal hermética de cara a los futuros (¿e inevitables?) problemas que puedan tener por sus actos en Stettin.

Pero eso es otra historia…

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Actos, consecuencias… e interrogatorios
Donde los magos interrogan a MIkäl y descubren algunas cosas...

La pequeña comitiva que acude en la segunda semana de junio de 1228 a Stettin tras ser convocada por Miroslawa no podría ser más variopinta: la forman Ahmal, Kersnik, Frederick, que hará uso de toda su labia, y Albrecht, el grog que ha estado presente las dos veces que se ha salvado la vida al joven duque Barnim. Sin duda la presencia del enorme Bjornaer llamará la atención enormemente, pero esperan que su capacidad para leer la mente de Mikäl compense ese riesgo. Por si acaso, Kersnik accede por una vez a disimular su fuerte olor corporal y reducir mágicamente su tamaño.

Ante Miroslawa

La visita resulta tan esclarecedora como ominosa. De camino a palacio, y pese a los días transcurridos desde el levantamiento, los estragos aún son evidentes en la ciudad, y en concreto en el barrio calcinado cercano a palacio. Y antes siquiera de poder hablar con el danés herido, Stefan y Miroslawa, aún convaleciente, les exponen la situación a los magos: los extraños acontecimientos de la terrible noche del 31 de mayo han sembrado la ciudad de todo tipo de rumores. El pueblo está contento de la desaparición de los daneses, pero al mismo tiempo culpan a a los duques de sus miserias, tachando incluso a Miroslawa de bruja o de aliada de adoradores del diablo. La propia Miroslawa está en una situación comprometida, de manera que quiere saber más sobre sus captores.

A través del locuaz pero nervioso Frederick, los magos explican con eufemismos la situación, presentándose como unos sabios involucrados en todo este asunto por casualidad. Hablan de preparativos alquímicos que provocaron un fuego que desgraciadamente no se pudo evitar, del refugio que se le dio a Stefan en el covenant, y de cómo todo se hizo siguiendo en parte las directrices del senescal. Sea como sea, Miroslawa no puede permitir que su imagen se vea afectada por una relación con los sabios; aunque han salvado su vida y la de Barnim, según sus propias palabras, “para mí lo más fácil sería prenderos ahora mismo a todos, y ajusticiaros en la plaza del mercado a la vista de todo el mundo”. Miroslawa habla sobre todo de un caballero que siembra el fuego por donde pasa, y de cómo ejecutarle haría que el pueblo de esta ciudad estaría mucho más tranquilo, y volvería a confiar en su señora y en su joven duque.

Pero no lo hará. De hecho está dispuesta a recompensarles de alguna manera por su participación en todo esto. Por eso accede a negociar con los Mecklenburg para reducir el diezmo que ejercen sobre Phoenix. A cambio, Phoenix ofrece su compromiso para que en el futuro, si ella o Barnim necesitan su ayuda, ellos, como haría un buen vasallo, se la darán. Un trato como mínimo arriesgado desde un punto de vista hermético, pero no tienen mucha más alternativa.

Además, tras oír los relatos de brujas nórdicas que les explican sus invitados, y convencida según parece de que podrían tener algún viso de realidad, si los sabios logran acabar con esas brujas Miroslawa también se compromete a intentar adquirir de los Mecklenburg la propiedad de los terrenos donde se encuentra la morada de los “sabios” y así controlar directamente el diezmo… o directamente eliminarlo. Eso sí, tanto Miroslawa como Stefan exigen estar constantemente informados de todo respecto a las supuestas brujas.

La ira de Cadmius

Pero el descontento del pueblo con la nobleza no es el único problema que tiene Phoenix ahora mismo. Miroslawa les habla del padre Cadmius, el diácono de la iglesia de Santiago Apóstol, la más importante de la ciudad. Es un hombre devoto de Dios, ferviente defensor de su parroquia y un tanto intransigente. Un hombre de convicciones firmes que visitó el palacio un par de días atrás, enfurecido tras ver lo ocurrido en la ciudad y, lo que es peor, tras escuchar algunos relatos de sus parroquianos sobre lo ocurrido. Por él supieron del caballero de las llamas y esa otra mujer, de las voces incorpóreas que se oyeron durante la noche y demás fenómenos que a él le parecieron prueba irrefutable de hechicería. Cadmius ha montado en cólera al respecto, y no solo acusa a los duques de adoradores del diablo y de haber vendido el alma a cambio de los bienes terrenales, sino que amenaza con dar caza a los “brujos” responsables de todo.

De hecho, Cadmius amenaza con excomulgar a los brujos de forma inmediata, y de convocar una cruzada contra los hechiceros paganos del norte del Imperio. Y habla de llamar a Konrad de Marburg para que venga a cumplir la voluntad de Dios. Solo Albrecht ha oído ese nombre en alguna ocasión, murmurado con temor en los principados del centro del Imperio Germánico. Apenas sabe nada de él, diría que es algún tipo de noble al servicio de la iglesia, pero no está seguro. Sí que recuerda el epíteto que acompañaba al nombre en algún caso: “Azote de Herejes”.

El interrogatorio de Mikäl Mikal.jpg

Tras todas esas noticias, el séquito de Phoenix por fin puede acceder a interrogar a Mikäl. Durante un día entero y parte del otro, y por todos los medios posibles, mágicos o mundanos, intentan doblegar la voluntad del danés, que ni siquiera se altera ante las amenazas de ejecución o excomunión. Solo la magia mental más persuasiva de Kersnik y el empleo de cierta violencia por parte de* Vlad el Ruso* logra sacar algo de información al danés, que parece increíblemente resistente a las manipulaciones mentales del mago Bjornaer. Los resultados del interrogatorio son que:

  • El hechicero que escapó nadando del puerto en la escaramuza de hace un par de meses se llama Tjorvi. Las dos brujas que robaron el vis de la Cueva de los Osos se llaman *Gunnvara*… y Gudrun, una vieja conocida de Phoenix.
  • Los tres se encuentran en estos momentos en una antigua fortaleza llamada Jomsborg, cuyo paradero no logran averiguar, pero que se encuentra al nordeste de Stettin. Hacia allí fue también el barco que se hizo invisible en el puerto… y también allí se llevaron a Karl unas semanas atrás.
  • El causante del frio mágico que azota la región es el tal Tjorvi. También él lanzó la ilusión que cubría el pozo en el patio del palacio de los duques.
  • Mikäl tiene una buena relación con Gudrun, aunque no acaba de fiarse de ella.
  • Los brujos han proporcionado ayuda a los daneses de MIkäl en algunas batallas puntuales recientes. A cambio, estos les ofrecieron refugio en la ciudad y ayuda cuando lo han necesitado. Al parecer quieren secuestrar al duque, pero no Mikäl no sabe por qué.
  • Mikal no sabe nada de una supuesta Orden de Odín.

Pese a su resistencia, el desgaste de la sesión de interrogatorio acaba siendo demasiado para el danés: la presión de Vlad, Kersnik e incluso Ahmal, la suave pero enloquecedora melodía que suena de fondo cada vez que Kersnik lanza su hechizo de detección mental, las agresiones de Vlad… finalmente el danés se desploma exhausto y tiene que ser retirado. Al día siguiente los interrogatorios continúan, pero ante el delicado estado de salud del danés, y la necesidad de que siga con vida para ser usado como preso político por Miroslawa ante el Rey Valdemar de Dinamarca, no se averigua nada nuevo.

Los frentes abiertos

Al regresar, tras dejar en Stettin a Albrecht como miembro de la guardia personal del duque Barnim, los magos de Phoenix tienen claro que se les acumulan los problemas, que se dividen en cuatro frentes:

  • El misterio de las brujas nórdicas. ¿Dónde se encuentran y qué quieren?
  • La ira de Cadmius. ¿Cómo apaciguarla?
  • Las relaciones con Miroslawa. Ahora mismo son cordiales, pero cualquier paso en falso puede empeorarlas.
  • Las consecuencias herméticas de sus actos. ¿Qué ocurrirá cuando la Orden de Hermes se entere de lo que ocurrió en Stettin…?

A eso hay que añadir las consecuencias internas de la conducta imprudente de Herman y Cünegunde que, precisamente, justo ahora han partido en sendos viajes de propósito y duración desconocidos. Los magos tratan de abordar los diferentes frentes:

  • Enviando a Frederick y Bjorn a investigar en los puertos de Stettin para ver si alguien conoce Jomsborg. De paso, para intentar hablar con el padre Cadmius e intentar calmar sus ánimos con una donación a la iglesia (aunque las arcas de Phoenix no pasan por su mejor momento).
  • Enviando a Ahmal a hablar con el Padre Miguel de Sussex, en la Abadía de Broda. Pese a conocer mejor que muchos eclesiásticos a la Orden, y pese a que Ahmal suaviza bastante los acontecimientos de la noche de autos, el padre se muestra bastante atónito. Aun así, en honor a los favores que han hecho algunos miembros del covenant hacia la abadía previamente, se ofrece a ir a hablar con Cadmius, aunque sin garantizar nada. En cualquier caso, por lo poco que conoce a Cadmius no cree que se vaya a conformar con una donación para la iglesia, es más que probable que, en el caso de que se le convenza de suavizar su postura, imponga como mínimo alguna penitencia a los brujos… o al menos, al caballero de las llamas y la campesina que gritaba en latín por las calles.
  • El propio Ahmal también se encargará de viajar a Fengheld a finales de mes para ver cómo se pueden atenuar las consecuencias herméticas del caso.

Se avecinan tiempos complicados…

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La tormenta de Stettin
Donde los magos logran una agridulce victoria

Llega el momento de ejecutar el plan cuidadosamente trazado. El 31 de mayo de 1228, tras anochecer, varios magos de Phoenix y un nutrido grupo de grogs avanzan por las calles de la ciudad. Su plan es neutralizar primero los dos cuarteles generales que contienen tropas danesas, y lo hacen de forma expeditiva: prendiendo fuego al más grande de ellos, un granero ocupado por una sesentena de guardias daneses, y provocando un levantamiento de tierras que revoluciona el cuartel más pequeño, de piedra. Herman y Cormac son los responsables de la maniobra, que es coronada por un ataque frontal contra los supervivientes donde caen gravemente heridos varios de los grogs. Por desgracia, el fuego del granero se extiende a las casas cercanas, y todo un barrio entero acaba siendo pasto de las llamas. Solo el frío y la intervención de algunos ciudadanos impide que toda la ciudad arda.

Tras eso, los magos se reúnen con el contingente de guardias ducales fieles a Miroslawa y Barnim y emprenden el asalto al palacio propiamente dicho. Después de que Cormac logre una abertura en la empalizada con una ola de tierra, se produce una fuerte refriega contra las tropas danesas, al mismo tiempo que los magos y algunos hombres logran infiltrarse en el interior. Cada centímetro, cada sala, es ganado a golpe de espada y fuego mágico, hasta que por fin las fuerzas rebeldes toman el control de la planta baja.

A medida que la noche avanza lentamente hacia el alba, los magos encuentran el acceso a los calabozos de palacio. Allí, mientras en el piso superior del palacio las fuerzas leales a los duques siguen combatiendo, los magos neutralizan a la guardia de las mazmorras y por fin encuentran a Miroslawa, la madre del duque Barnim, en un estado extremadamente débil. Su piel está macilenta y tose profusamente, sin duda a causa del frío. En la celda de enfrente, malnutridos pero algo mejor, se encuentran Edwin de Mecklenburg y su familia (su esposa e hija), también capturados por las tropas danesas. Para consternación de los magos de Phoenix, no encuentran al desaparecido Karl por ninguna parte.

Tras liberar a Miroslawa, esta dice que uno de los “gigantes tatuados” daneses se llevó a su hijo algunas horas atrás. Entonces, poco antes del amanecer, un par de maltrechos guardias ducales interrumpen la escena para comunicar a los magos que la planta superior ha sido tomada… y que Mikäl intenta escapar usando a Barnim como rehén.

El grupo sale al exterior del palacio cuando los primeros rayos de sol empiezan a romper en el cielo. Allí, en el patio, Mikäl avanza poco a poco hacia el establo amenazando al pequeño duque con un cuchillo en la yugular. La situación es tensa y potencialmente letal. Por fin, cuando está a punto de llegar a los caballos, un oportuno hechizo lanzado por Herman le hace perder el control de la mano donde tiene el cuchillo, que cae al suelo… no sin antes hacer una raja en la garganta del joven duque. Mientras Miroslawa y algunos presentes se acercan al pequeño, los grogs más enteros y Cormac, en forma de búho, intentan impedir que el danés huya. Acorralado, Mikäl sube a un caballo e intenta huir desesperadamente, pero un nuevo hechizo que debilita su arma, combinado con un descomunal ataque de Bjorn, frustra su huida: el regente danés cae del caballo convertido en un ovillo desmadejado, con un brazo medio cercenado y un tremendo tajo en un costado.

Al día siguiente

Tras el alboroto, las cosas se empiezan a normalizar en palacio, y mientras los magos buscan desesperadamente a alguna de las brujas escandinavas o un objeto que cause el frío mágico que azota la región, la débil Miroslawa es llevada a sus estancias para recuperarse. Al otro lado de las murallas, el día desvela los estragos sufridos por Stettin, de los que tardará en recuperarse. No hay ni rastro en el palacio de ninguna bruja del norte, ni ningún objeto mágico: sin embargo, un par de hechizos de detección lanzados por Cormac confirman que efectivamente el palacio está siendo objeto de algún efecto mágico de un hechizo de elevada potencia (entre sexta y octava magnitud).

Al atardecer, Miroslawa, ya recuperada, convoca a sus extraños salvadores a sus estancias, donde también está Barnim, con el cuello vendado. Allí les da las gracias por su inesperada actuación, y deja entrever la posibilidad de una relación más o menos cordial entre la familia del grifo (como se conoce a los duques) y Phoenix. Sin embargo, también deja bien claro que su situación ahora mismo es complicada por motivos políticos, y que tiene por delante un largo trabajo, en concreto para evitar que las tropas danesas vuelvan a tomar Stettin. El estado en que ha quedado la ciudad, con el consiguiente descontento ciudadano, tampoco la ayudará para nada. Sin embargo, permitirá que los magos interroguen a Mikäl cuando despierte.

Edwin y Kaspar

Los magos también hablan con Edwin, cuya actitud hacia Phoenix solo ha cambiado ligeramente tras su liberación. Un agresivo interrogatorio por parte de Herman no saca nada más en claro que la promesa de Edwin de que hablará con su familia cuando vuelva a su sede ancestral de Rostock para que relaje el diezmo sobre las tierras donde se encuentra Phoenix. Pero sigue sosteniendo que Kaspar era solo un miembro de su séquito, y que su huida antes de que Edwin fuera capturado es algo que el bastardo de los Mecklenburg no olvidará. Poco después, Edwin y su familia parten hacia Rostock.

El regreso a Phoenix

Aunque ninguno de los participantes de Phoenix en el ataque han muerto, varios están en un estado grave. De manera que un día después, la comitiva emprende un lento regreso al covenant a bordo de un carro donde se transporta a los heridos. El regreso es lento y frío, pero pronto los magos ven las familiares lindes del bosque y se encuentran en casa de nuevo. Allí, Clarisa lanza sus sortilegios curativos sobre los heridos y, tras enterarse de que en la ciudad hay muchos heridos, parte de inmediato hacia Stettin. La acompañan el fiel senescal Stefan, que regresa al lado de su señora, y también Hieronimus, el misterioso sanador que sigue viviendo en el bosque, y que vuelve a ofrecer sus servicios (no solo curativos) al covenant para situaciones de riesgo físico como la que acaba de producirse.

Noticias y regresos

Pasan algunos días durante los cuales la vida del covenant vuelve a la normalidad. Entonces, el 9 de junio, se producen dos regresos: por un lado vuelven Clarisa y Hieronimus. La maga está visiblemente afectada por la destrucción que ha contemplado en Stettin, y su ternura y amabilidad hacia Phoenix parecen en tela de juicio. Se despide precipitadamente, reiterando su oferta de ayuda siempre que el covenant lo necesite y también el pago a cambio de la temporada de estudio que acaba de disfrutar en la biblioteca; sin embargo, algo parece haber cambiado en la Ex Miscellanea, y su trato en concreto con Ahmal parece haberse enfriado un poco. Tal vez el tiempo también lo cure.

El otro regreso, no por esperado, es también sorprendente. La bamboleante y apestosa figura de Berstuk vuelve a pisar el claro de la pirámide tras más de medio año fuera. El enorme mago Bjornaer trae noticias de sus viajes. Noticias relativas a viejos relatos que ha escuchado sobre el antiguo culto a Svantevit, que en tiempos dominara el claro de la pirámide. Un culto que también habría existido en la ciudad de Stettin, donde según las leyendas, habría unas ruinas de un templo antiguo bajo la catedral actual. No es la única leyenda misteriosa que ha escuchado: otros cuentos hablan de un ídolo de oro representando a Svantevit, que se habría perdido durante la invasión cristiana de la ciudad, pero que alguno de los fieles habría guardado en un árbol mágico perdido en la ciudad. ¿Leyendas, rumores… o hechos reales? Berstuk cree que los misteriosos hechos ocurridos en los últimos meses, incluso algunos de los ataques sufridos por Phoenix a lo largo de los años, podrían estar relacionados con el antiguo culto a Svantevit.

Soy… Kersnik

La última noticia que trae Berstuk no es menos sorprendente: el mago, que cada vez que emprende uno de sus extraños peregrinajes regresa con su carácter sutil pero claramente transformado, ha cambiado su nombre. Quien fue Berstuk será conocido de ahora en adelante como Kersnik, un nombre que alguno de sus sodales no comprenden del todo, pero que según sostiene él, le ayudará en las pruebas que le aguardan en el futuro. Según han oído algunos magos del covenant, habría existido en el extremo oriental de Europa una tradición mágica menor con ese nombre, integrada por hombres que librarían una batalla espiritual para defender a los pueblos de la zona de los peligros sobrenaturales que podrían amenazarles. ¿Qué significa realmente ese cambio de nombre…?

Tampoco tienen mucho tiempo para pensarlo: antes de partir, Clarisa les dice que Miroslawa quiere verles con urgencia. Mikäl ha despertado de su inconsciencia… y hay otras noticias que debe transmitirles con urgencia.

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La tensión se acumula...
Donde los magos preparan su inminente golpe en Stettin

Tras el acuerdo alcanzado con Stefan para intentar promover algo parecido a un levantamiento en Stettin, los habitantes de Phoenix se ponen a trabajar de inmediato con ese objetivo. Sin embargo, durante los meses de abril y mayo de 1228 se suceden una serie de acontecimientos importantes que afectan directamente a esos planes:

El 21 de abril, apenas un día después de que Cormac parta en un viaje personal, Vlad y Dana son visitados en su alojamiento por un perturbado Stefan, que afirma que Andreas, su capitán y mano derecha ha sido prendido por los soldados daneses. El senescal necesita alojamiento y refugio urgentemente, de manera que los dos grogs le llevan a Phoenix, donde Stefan conoce por fin a los “sabios” del bosque, y les explica la sorpendente captura del capitán Andreas. Todos los implicados se huelen la participación de algún soplón.

Pero la cosa empeora apenas dos días después, cuando los grogs de guardia de Phoenix descubren, al romper el alba, un macabro hallazgo: el cadáver ahorcado del capitán, colgando de un árbol cercano al claro del covenant. Al pobre diablo le han practicado dos rajas en la espalda por las que le han extraído los pulmones, en una sangrienta tortura que llevaban a cabo los antiguos vikingos, y conocida como el “Águila de Sangre”.

El golpe resulta demoledor para Stefan, para el que la última esperanza son ahora los grogs de Phoenix. El senescal se refugia en el covenant mientras Vlad y Dana, a los que se les ha sumado ahora Richard, intentarán seguir con los planes previstos, pero sin la inapreciable ayuda de Andreas. Antes de que Herman lleve el cuerpo a la Abadía de Broda para que el Padre Miguel le dé santa sepultura, Cünegunde lanza un encanamiento sobre el cadáver para hablar con su espíritu: la desagradable ceremonia acaba precipitadamente a causa del perturbado estado del espíritu de Andreas y las limitaciones comunicativas de la maga Criamon, pero no antes de que el espíritu hable de unos “gigantes tatuados” como los responsables de las torturas. ¿Magos nórdicos, o simplemente soldados berserkers?

Los acontecimientos perturbadores se precipitan: en la última semana de abril, unos tambores resuenan en media ciudad, procedente del interior del palacio de Stettin. Les acompañan cánticos que hielan la sangre, pronunciados en un idioma desconocido. ¿Qué está ocurriendo al otro lado de la empalizada de madera? No hay forma de saberlo, pero sin duda la incomodidad de la población es cada vez más manifiesta.

Por fin llega mayo, pero el frío sigue calando los huesos de todos los habitantes de la región. En la ciudad empieza a notarse la escasez de suministros, y hay cada vez más gente enferma. Mientras tanto, Phoenix recibe dos visitantes herméticos: por un lado Iacob de Merinita, mago de Irencilia que hace una rápida visita al covenant para recoger las notas de laboratorio y demás pertenencias del misteriosamente desaparecido Cornvald, quien fuera su discípulo. Iacob, acompañado de su inseparable cuervo blanco, tiene una breve conversación con los magos sobre sus problemas actuales, aunque puede ayudarles bien poco con sus conocimientos.

El segundo visitante es más reconocible. Mario hace su habitual visita, trayendo una misiva para Cünegunde y parloteando sobre el Gran Tribunal que se celebra ahora mismo en Durenmar. Por desgracia, eso parece otro mundo ahora mismo para los habitantes de Phoenix, que en un arranque de desesperación, deciden enviar misivas a cualquier persona susceptible de poder ayudarles con información: a Waddenzee, a Philippus Niger en Durenmar, y su principal y más inmediata baza: al covenant de Heorot y muy especialmente Pancrestis, el mago especializado en magia nórdica. ¿Les ayudará alguien… antes de que sea demasiado tarde?

Por fin se cumple el mes necesario para reagrupar y armar las tropas que ayudarán en el golpe contra los daneses. Por desgracia, la ausencia de Andreas se deja notar, y los grogs de Phoenix sólo logran contactar con 30 miembros de la antigua guardia ducal de palacio, además de convencer a otros 30 ciudadanos descontentos que formarán una turba para intentar tomar el palacio.

Más allá de eso, todo dependerá de los magos de Phoenix, que trazan un complejo plan para intentar neutralizar los cuarteles donde duermen el grueso de tropas danesas y, a la vez, atacar el palacio.

Ha llegado el momento de la verdad…

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Conspirando en las sombras
Donde se opta por la sutileza como nuevo plan de acción

Tras el último y frustrado intento de incursión al palacio de Stettin, los magos de Phoenix deciden cambiar de táctica y optar por la sutileza para intentar resolver la delicada situación en la región: tratarán de provocar alguna revuelta aprovechando el descontento generalizado de la población de la ciudad y, de paso, tratarán de descubrir algo más sobre los secretos del palacio y rescatar a la familia ducal.

Para tal propósito, mandan a Stettin a un grupo de los grogs que en su momento rescataron al Duque Barnim (Dana, Vlad el Ruso y Albrecht), a los que acompañan Frederick y Herman de Flambeau. Allí descubren que la incursión frustrada a palacio de un par de noches atrás ha tenido desagradables consecuencias, y las tropas danesas vigilan las calles con mayor agresividad que nunca, buscando a los responsables y tratando de encontrar también a Stefan, el desaparecido senescal del palacio, al que también buscan precisamente los enviados de Phoenix. Los interrogatorios violentos y las flagelaciones públicas por cualquier crimen menor son tan abundantes como perturbadores en la ciudad, donde empieza a reinar el descontento generalizado.

Tras muchas inquisiciones, Vlad acaba descubriendo que sólo el hombre que parece saberlo casi todo en Stettin, Wilhelm el Hediondo, podría conocer el paradero de Stefan. La búsqueda parece infructuosa, pero finalmente dos de los guardaespaldas del Hediondo conducen a ciegas al gigantón ruso a un punto cercano al puerto de la ciudad: allí se encuentra con un Wilhelm que, al igual que sus matones, luce varias heridas y moratones. El Hediondo también parece desesperado, y ofrece a Vlad dos noticias cruciales: una, que el paradero de Stefan cambia cada noche y sólo lo conoce Gunther, el viejo maestro herrero del barrio de los artesanos; y la otra… que Karl ha sido capturado por las tropas danesas y llevado a palacio para interrogarlo. Acto seguido, Wilhelm anuncia que cambiará de aires de inmediato. La vida en la ciudad se ha vuelto muy arriesgada…

El tiempo apremia, pues. El grupo de grogs se desenvuelve de forma más que digna en una situación en la que la elocuencia y el don de gentes es mucho más importante que la magia y la lucha, y al final, tras muchos esfuerzos, logran convencer a Gunther de que les lleve hasta Stefan. Pero el senescal está paranoico, y solo acepta ver a uno de los enviados, a la joven pero atrevida Dana, en una húmeda bodega en un establecimiento apartado de la ciudad. Allí, el senescal, acompañado de unos pocos de los soldados fieles al duque que en tiempos pertenecieron a la guardia de la ciudad, escucha la propuesta de Dana. Sin estar convencido del todo, pero reconfortado por el hecho de ver de nuevo una de las caras conocidas que en su momento salvaron a Barnim de su secuestro, Stefan decide mandar a uno de sus hombres de confianza, un capitán de poblado bigote y maneras de veterano, para conocer los detalles del plan de los “patrones” de Dana.

Pronto, apenas pasado el 16 de abril de 1228, toda la comitiva vuelve a Phoenix acompañando al capitán, que no deja de mostrarse suspicaz, en especial al adentrarse en el bosque, temido en toda la región. Tras llegar a Phoenix su cautela se transforma en temor al ver las dos torres y la prodigiosa pirámide que se oculta en el claro, pero como experimentado hombre que es, mantiene las formas. Tras una rápida discusión, y escarmentados por su larga serie de fracasos diplomáticos, los magos eligen como portavoz a Richard, el capitán de la turba de grogs de Phoenix, que hace gala de su elocuencia y liderazgo al explicarle el plan a su homólogo con un marcado pero elegante acento francés.

El plan presentado al capitán se divide en varias partes: por un lado se intentará neutralizar los dos cuarteles generales que hay en la ciudad para acabar con tantos soldados como sea posible. Al mismo tiempo, el capitán, Stefan y los grogs de Phoenix que mejor conocen la ciudad tratarán de tensar los ánimos de la población para provocar toda la algarabía y disturbios necesarios llegado el momento. Por último, Stefan y el capitán tratarán de reformar en la medida de lo posible la guardia de palacio, desbandada tras el regreso de los daneses y el encarcelamiento de la familia ducal. Con esos hombres de armas esperan poder atacar el palacio cuando llegue el momento.

Sin embargo, tanto el capitán como Stefan son muy claros en algo: el objetivo principal debe ser liberar a los duques y, en segundo lugar, intentar secuestrar a Mikal, el líder danés. Eso sería un golpe mortal para las tropas, casi peor que acabar con ellas. Sin líder, los daneses probablemente no aguantarían mucho en la ciudad. Sin tropas, Mikal siempre podría reunir más hombres llegados de fuera.

El plan trazado llevará un mes en ser completado, y requerirá invertir cierta cantidad de dinero para rearmar a la guardia, “ganarse” el favor de algunos ciudadanos clave y preparar la situación. Probablemente a mediados de mayo la situación estará lista, y todo se desarrollará a través de un contacto común entre Phoenix y la “resistencia” que se quedará en Stettin: Dana y Albrecht, junto con Vlad, que con la desaparición de Wilhelm y Karl se ha convertido sin quererlo en uno de los pequeños reyezuelos de los bajos fondos en Stettin…

El capitán escucha atentamente el plan y regresa a la ciudad junto con los tres grogs. Pronto llega la confirmación del propio Stefan de que el antiguo senescal acepta el plan. Todo parece marchar viento en popa, y sólo dos sombras parecen amenazar el desarrollo del plan: el capitán está preocupado por la seguridad de Stefan, a quien los daneses buscan cada vez con más insistencia por la ciudad. ¿Tal vez en Phoenix le podrían dar refugio? Ah, pero el senescal es tan tozudo, y no quiere abandonar Stettin…

¿Y Karl? ¿Qué ocurrirá con Karl? Esa es una pregunta para la que nadie tiene respuesta…

Durante esta alocada sucesión de acontecimientos ocurren dos cosas más no relacionadas con la “trama” de Stettin:

· Clarisa, la sanadora, pide permiso para estudiar uno de los tractati presentes en la biblioteca de Phoenix. A cambio ofrece una temporada de enseñanza a quien esté interesado en sus enseñanzas. Los magos aceptan la propuesta.

· Hieronimus, el sanador y herbalista que llegó con Clarisa, por fin demuestra sus habilidades. Tras preparar varias cataplasmas curativas, las aplica a los heridos pese a la desconfianza de muchos de los presentes, en especial Herman. Por suerte, en esta ocasión las cataplasmas han sido preparadas correctamente, y pronto los heridos sienten algo de alivio en sus dolores. Marcin, el más perjudicado por las heridas y la enfermedad, se cura de hecho milagrosamente de su neumonía de un día para otro. Parece cierto que el tal Hieronimus sabe lo que se hace…

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Expedición frustrada al palacio
Donde los magos, una vez más, se quedan con la miel en los labios

Tras preparar cuidadosamente la incursión en el palacio de Stettin, la noche del 11 de abril de 1228 Karl guía a Cormac, Cünegunde y Ahmal al interior del palacio ducal, con la intención de determinar si hay algún objeto mágico que cause el frío sobrenatural que reina en la zona y, si es posible, también para liberar a la familia ducal capturada presuntamente en las mazmorras.

En un principio la incursión va viento en popa, y durante la primera media hora el grupo, invisible y con extrema cautela, va avanzando por el ala oeste del palacio, la de las cocinas, durmiendo y neutralizando a los numerosos guardias que se encuentran en su camino.

Por desgracia, la vigilancia es demasiado nutrida y al llegar al distribuidor principal, empiezan a llamar la atención de algunos de los guardias, dejando rastros de sangre por el suelo y provocando que muchos de los habitantes daneses de palacio despierten preguntándose qué ocurre. Para acabar de arreglar las cosas Cormac sufre una fea herida causada por el hacha de uno de los centinelas, en un feroz ataque a ciegas.

Ante lo delicado de la situación, los incursores deciden abandonar el palacio; es su tercer intento frustrado de descubrir los secretos que oculta la antigua residencia de los duques. Tal vez haya que asumir un enfoque diferente…

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