La Saga de Phoenix

¿La Orden de Odín, al fin?

Donde los magos tienen un déjà vu en el puerto de Stettin...

Tras superar al Caballero Kalteschwert, los magos de Phoenix acceden por fin a la cima del promontorio, donde encuentran a una extraña dama vestida de blanco sentada en un sitial de hielo que llora desconsoladamente. Luce una diadema de perlas y sus lágrimas son de escarcha. Es la Dama Ferlia, consorte de Lord Mesene, señor del Claro Encantado. El motivo del desconsuelo de la Dama es precisamente haber perdido a su amado señor, y ante las preguntas de los visitantes, accede a ayudarles si ellos la ayudan a ella. Tras el lugar donde está sentada, al pie de la colina, el seto que rodea el regio faérico tiene dos aberturas, una de las cuales parece conducir a un lugar más frío aún que el presente, y otro hacia un lugar más mundano donde se adivinan una valla y algunas casas toscas.

¿Por dónde encontrará a su amor la Dama Ferlia? Los visitantes le recomiendan ir por el hueco que parece conducir al buen tiempo, pero justo cuando la Dama va a dar el paso definitivo, la repentina aparición de Lord Mesene la interrumpe. Según parece la escena se repite cada año, cuando Mesene abandona el claro a causa del invierno, y Ferlia le busca infructuosamente. Aclarado el incidente, Mesene confiesa no saber nada sobre el inclemente tiempo, pero se ofrece a intentar ayudar a los magos… si ellos a cambio le traen la manta que cubre los pies del mismísimo Nebelug. El trato parece como mínimo peliagudo, de manera que los magos deciden apurar otras opciones antes de seguir con él. Como por ejemplo el Espíritu del Bosque, al que deciden ir a ver de inmediato.

Pero su viaje al día siguiente se ve truncado por una sorpresa inesperada cuando se encuentran a un Berstuk errático que regresa camino de Phoenix desde la Caverna de los Osos, donde estaba pasando la temporada en meditación. El mago Bjornaer parece haber sido sugestionado por dos misteriosas mujeres de acento extranjero (una anciana y otra una joven de deslumbrante belleza y ojos verdes) a las que se ha encontrado en el bosque. Incapaz de desviar sus pies antes de llegar de nuevo a Phoenix, explica a los demás que las mujeres también se han llevado el vis de Animal de la Caverna de los Osos que había que cosechar en pocas semanas. La noticia sorprende a propios y extraños.

La maquinaria de Phoenix se pone en marcha y, tras diversas investigaciones (incluido un interesante interrogatorio a unas ardillas en el bosque), descubren gracias a Wilhelm el Hediondo y Karl que las mujeres se han refugiado en el Palacio de Stettin, donde se encuentran ahora mismo. Convencidos de que se trata de miembros de la Orden de Odín, en especial tras confirmar que el acento de la más joven es probablemente de origen escandinavo, apostan varios vigías cerca del palacio por si hay novedades. En los siguientes días no hay noticias, a medida que el mes de marzo de 1228 llega a su fin.

Durante esos mismos días, el covenant recibe un par de visitas de mención. En primer lugar Mario el Gorra Roja pasa por allí, aterido de frío, para hacer entrega de una carta para Herman. También a finales de marzo, Clarisa, la maga curandera a la que conocían de algunos viajes anteriores, llega a Phoenix para saludar a Ahmal, con quien parece que compartió parte de sus recientes aventuras en solitario, y también con la intención de examinar los contenidos de la biblioteca. Le acompaña un curioso sujeto, un personaje alto, con la cara desfigurada y aspecto taciturno. Se presenta como Hieronimus Voolrich, “doctor, sanador y cazador de monstruos”, y parece que también coincidió con Ahmal en sus recientes viajes. Visita Phoenix a sugerencia de Ahmal para ofrecer sus considerables habilidades (desde la creación de cataplasmas curativas hasta venenos). El personaje, extraño y melancólico, tal vez tenga algo de interés que ofrecer a los magos de Phoenix, entre quienes no se cuenta por ahora Berstuk, que ha partido hacia el norte por un asunto privado.

Pero todas esas novedades quedan en segundo plano a los pocos días, cuando los grogs de guardia en Stettin avisan a Phoenix de que las misteriosas mujeres han salido de palacio en dirección al puerto. Pese a que el aviso se hace a través de Serre, el veloz halcón de Silvie, los grogs de guardia (Herzog, Marcin y la propia Silvie) deben intervenir a la vista de que las dos mujeres entran en una barcaza acompañadas de tres soldados daneses. En la escaramuza subsiguiente hay evidentes muestras de magia: el puerto se ve invadido por una súbita tormenta convocada, según parece, por una fuerte voz grave que viene de dentro de la barca; la misteriosa joven de ojos verdes, acorralada y herida, sugestiona a Silvie para que salte por la borda en una acción casi suicida que tal vez acaba salvándole la vida. Poco después, una figura sale volando del barco en dirección desconocida. Y para colmo de maravillas, el barco parece desaparecer como por arte de magia cuando está a punto de salir del puerto helado, aunque su silueta es mínimamente visible desde el embarcadero principal.

Cuando el primero de los magos de Phoenix, Cormac, llega en forma de búho a la escena, se encuentra con tres grogs ateridos, malheridos y fatigados, que le explican la situación. Pronto se posa en la borda de un barco invisible, sin saber bien qué hacer…

Comments

Weintraub Weintraub

I'm sorry, but we no longer support this web browser. Please upgrade your browser or install Chrome or Firefox to enjoy the full functionality of this site.